EL MUNDO AL REVÉS

EL PRESIDENTE KUCZYNSKI HIZO JUSTICIA. ENHORABUENA

Han debido transcurrir 25 años –un cuarto de siglo- para que el Estado reconozca el heroísmo de los integrantes del GEIN, grupo elite de la Policía Nacional al que todos los peruanos debemos la captura del genocida abimael guzmán, la desarticulación de su cúpula asesina, y el final de la era de sanguinario terrorismo que azotó al Perú. Dos décadas y media de silencio cómplice del Estado hacia distinguidos peruanos que hicieron las cosas bien –como raramente suelen hacerlo los servidores de nuestro Estado- quienes no vacilaron en perseverar, con escasísimos recursos presupuestales y condiciones de trabajo realmente sacrificadas, hasta echarle mano a aquel miserable gusano que ordeno a sus sicarios asesinar a más de 35,000 compatriotas, en su vesania por copar el poder del país a punta de metralla y dinamita.

¿Por qué estos gloriosos uniformados han debido esperar un cuarto de siglo para que las autoridades de la nación se decidan a reconocerles el inmenso valor y trabajo que desempeñaron por la sociedad? Por miedo, por pánico de un Estado pusilánime ante la repugnante amenaza de la mafia caviar, que estigmatizó todo aquello que tuviera que ver con el régimen de Alberto Fujimori. Cierto, el Gein no lo formó aquel  gobierno. Fue iniciativa de la gestión del presidente Alan García. Pero la captura del genocida guzmán sí ocurrió durante la administración de Alberto Fujimori. Y el Perú entero festejó como nunca cuando aquel cuerpo elite de la Dincote acabó con el terrorismo, tras una inteligente estrategia para apresar al sátrapa guzmán quien se encontraba escondido en una casa que alquilaba la terrorista garrido-lecca recientemente liberada. Y este éxito –que salvó al Perú del terror- trajo consigo el odio eterno de la izquierda caviar contra todo lo que tuviera que ver con el gobierno fujimorista. Los caviares se trazaron como objetivo victimizar a los terroristas y condenar al Estado por violar sus derechos humanos. Tras la renuncia de Fujimori, consolidarían ese objetivo. Lo hicieron en complicidad con un enjambre de cobardes; aquellos autodenominados grandes medios de comunicación. Fue esa “gran prensa” la que incondicionalmente respaldó la estrategia caviar de victimizar al terrorismo y acusar al Estado de violar sus ddhh. ¿Por qué lo hizo? Porque al hacerlo conseguiría consolidar grandes negociados alrededor del Estado con la bendición de la ralea caviar, groseramente empoderada por el ahora prófugo Alejandro Toledo. El Comercio y La República, por ejemplo, escandalosamente se apropiaron de canal 4 en un gansteril operativo que calló la moralina caviar, pues con su silencio sencillamente conseguiría avasallar a aquellos medios per secula seculorum como sus voceros incondicionales. Lo seguimos comprobando luego de dieciséis años.

Resulta pues repudiable que el Estado peruano adoptara durante 25 años una tesitura tan infame -por miedo a la amenaza caviar- negándose a condecorar a los integrantes del Gein como héroes de la democracia. Porque fue gracias a ellos que prevaleció aquel sistema de gobierno, tras el apresamiento del genocida que pretendió liquidar la democracia peruana. El presidente Kuczynski ha tenido el coraje de hacerles justicia. Enhorabuena.

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