EL MUNDO AL REVÉS

¿QUIÉN GOBERNARÁ ESTE PAÍS?

Ad portas del 2018, el panorama del Perú no es precisamente un lecho de rosas. No solo es indispensable asimilar los tormentosos acontecimientos políticos, económicos, climáticos, cleptómanos, judiciales, sociales, etc., ocurridos a lo largo del año que se acaba sino, quizá, lo que todavía es más grave es enfrentar las consecuencias de estos a lo largo del año que ya empieza. Es evidente que la primerísima preocupación de la gente es ¿qué va a ocurrirle a este país, actualmente sin gobierno definido, con una fractura ciudadana desbordante fruto de la excarcelación del expresidente Fujimori, una economía en cuidados intermedios, y la principal fuerza de oposición partida? La respuesta es muy difícil. Por no decir, no existe respuesta a la luz de los hechos.

Veamos. El presidente Pedro Pablo Kuczynski no fue vacado por el Congreso porque canjeó el impeachment por la libertad de Alberto Fujimori –a pedido de su hijo Kenji– condicionado a que este último lograse el apoyo de otros nueve afiliados a la bancada que lidera su hermana Keiko. Lo que claramente ocurrió. Como consecuencia PPK ha perdido el apoyo “incondicional” exhibido durante su primer año y medio de gestión proveniente de la poderosa (aunque numéricamente pigmea) comunidad progre caviar, que en rigor manejaba este país. En buen romance significa que la bancada congresal oficialista perderá a sus principales representantes, quedando reducida a la condición de no sabe, no opina.

De manera que durante estos supuestos tres años y medio que le quedarían en palacio a PPK, la presidencia de la República aparecería sin juego político alguno. De otro lado al fujimorismo –tanto a Keiko como a Kenji– no le interesa endosarle su apoyo a Kuczynski por la pesada mochila que implican Westfield Capital, First Capital y demás explosivos ligados al affaire de aquella corrupción que mantiene absolutamente indignada a nuestra ciudadanía. En este orden de ideas, ¿bajo cuáles argumentos podría Kuczynski atraer a personajes de primera línea para que integren su gabinete, conociendo que se trata de un jefe de Estado marginal, sin partido político oficialista, sin bancada consistente en el Parlamento, entregado a las fauces de una oposición fujimorista que tiene juego propio y que no se aventuraría a salvar a un PPK pasible de ser vacado en cualquier momento? Es evidente que los riesgos que ahora transpira un endeble presidente serían endosables a todo su gabinete, transfiriéndole responsabilidades de orden político y jurídico a sus eventuales ministros factibles de enmarañarles seriamente su tranquilidad a futuro. En esta tesitura sería muy difícil que Kuczynski consiguiese ensamblar algún gobierno que le permita administrar el país a lo largo de los siguientes cuarenta y dos meses. Por cierto, hace un mes que el Estado peruano se encuentra al pairo con todas sus altas autoridades concentradas sólo en el tema de la vacancia. Por si fuera poco, tras la liberación del expresidente Fujimori la calle ha empezado a calentarse en Lima y provincias. Y los mensajes a la nación del presidente Kuczynski solo enredan más las cosas. Escenario enrevesado y fatigoso.

 

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