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¿CÓMO RECONCILIARNOS SIN PROGRESO?

Hablando de reconciliación, es evidente que el gobierno necesita reconciliarse con la realidad. Concretamente, con lo que viene ocurriendo en este país que permanece en shock desde que, de manera temeraria, el régimen Kuczynski decidió asumir como propia la infumable cartera de proyectos que dejó la gestión Humala. Empezando por la refinería Talara (US$ 5,700 millones), el Gasoducto del Sur (US$ 7,500 millones), la Línea 2 del Metro (US$ 7,300 millones), organizar los Panamericanos (US$ 1,800 millones) y el aeropuerto Chinchero (US$ 450 millones). A partir de entonces -de esto hace un año- el Perú sencillamente dejó de progresar. Todo se volvió una sucesión de  mentiras, medias verdades, excusas sesgadas e interpretaciones antojadizas, con miras a disimular aquel cúmulo de yerros, trampas y corrupciones que evidenciaban los proyectos fabricados por la ProInversión humalista, y que irresponsablemente PPK asumió como propios ejerciendo inclusive una defensa de veras lamentable de todos y cada uno de ellos. Pizarrita incluida, como ocurrió con el escandalete Chinchero.

En este contexto, la reconciliación que necesita alentar el mandatario Kunczynski debe centrarse en fomentar las inversiones para volver a generar entusiasmo entre aquellos empresarios que continúan dispuestos a apostar por el Perú. Entusiasmo que a su vez se traducirá en capitales frescos que pondrán en marcha emprendimientos que generen mano de obra, reanimen la cadena de pagos y aumenten la recaudación tributaria. Es así y solamente así como la democracia conseguirá reencontrarse con la ciudadanía para que, a partir de aquello, las autoridades electas –empezando por un presidente en quien ha dejado de confiar la gente- intenten volver a hacerle ver a la población que el centro político sigue siendo la mejor alternativa de gobierno.

En este orden de ideas, es evidente que la descuartizada ProInversión de los Humala no generó proyectos viables y favorables para el desarrollo nacional. Todo fue humo y coima. Hace año y medio, al ingresar la administración Kuczynski al poder, la sociedad respiró con tranquilidad porque, finalmente, tras un lustro perdido, esta nación podía volver a engancharse con el progreso. Falso. La ProInversión pepekausa simplemente hizo agua desde el primer momento. Por tanto seguimos en nada en cuanto a atraer la atención de los inversionistas locales y extranjeros. Según informaciones periodísticas, ProInversión propone dieciocho proyectos -en asociaciones público-privadas- por un importe de US$ 4,510 millones -cifra veinte por ciento inferior a la de 2017- dividido en tres proyectos en Transportes, uno en Minería, uno en Hidrocarburos, dos en Salud,  seis en Telecomunicaciones, uno en Saneamiento y algún otro más.

¿Y el tren de cercanías? En año y medio, ¿acaso la ProInversión Kuczynski no pudo poner en valor la promesa electoral estrella del hoy mandatario, indispensable no sólo para dinamizar el crecimiento de esta potente zona -que abarcan Lima y los llamados Norte y Sur Chico- sino, además, proporcionarle una muchísimo mejor calidad de vida a más de quince millones de habitantes que moran en esta importante zona nacional, al margen de reducir el escalofriante número de muertes que se producen cada año en la inservible carretera Panamericana que atraviesa esta región?

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