Luis Garcia Miró Elguera

Luis Garcia Miró Elguera

EL MUNDO AL REVÉS

Acerca de Luis Garcia Miró Elguera:

SE VIENEN TIEMPOS ENIGMÁTICOS

Semanas decisivas –esta y la siguiente– para el futuro de los peruanos. Este viernes –salvo que el presidente Kuczynski dé marcha atrás– la Comisión Lava Jato interrogará al jefe de Estado por el affaire Odebrecht. Y la semana siguiente, de ser admitida a trámite previamente, el Pleno del Congreso debatirá la moción de vacancia al mandatario.

Siendo la vacancia un recurso democrático admitido por la Constitución, ciertamente no deja de ser un trauma sociopolítico de pronóstico reservado. Con mayor razón si la moción que está en juego es la segunda que debatirá el Parlamento en apenas tres meses. Recordemos que en la primera oportunidad el Pleno del Legislativo no alcanzó los 87 votos mínimos necesarios para vacar al jefe de Estado, debido a la división de Fuerza Popular tras el evidente pacto bajo la mesa urdido entre el presidente Pedro Pablo Kuczynski y Kenji Fujimori para indultar al padre de este último, a cambio de restarle diez votos a la agrupación política que lidera su hermana Keiko en la votación de vacancia. La opinión pública intuye que aquel acuerdo bajo cuerda transpiró no solamente la desesperación del Presidente sino una clara voluntad de transfuguismo por parte de Kenji y sus compañeros de aventura, quienes ahora fungen descaradamente de oficialistas.

El malestar de la sociedad se hace más patente porque Kuczynski carece de apoyo social y de respaldo popular. Recordemos que formó parte de una coalición espuria que convirtió la votación en segunda vuelta en un referéndum para optar entre la corrupción, el oscurantismo y el sistema dictatorial encarnado en la imagen fujimontesinista representada por Keiko, o la transparencia, moralidad, capacidad, tecnocracia y eficiencia que significaría votar por Pedro Pablo Kuczynski. Y reafirmamos que Kuczynski integró una coalición espuria para presentarse a las elecciones de 2016 porque, siendo una persona con amplísima y reafirmada trayectoria de centroderecha, a la hora de presentarse ante la población para pedirle el voto lo hizo convertido en un socialista puro y duro, producto del consejo de la estratégica progresía caviar especializada en colocarse detrás de marionetas para evitar el rechazo popular al que siempre está acostumbrada. Para después, una vez electo su hombre de paja, asentarse en el poder y ejercerlo a su entero capricho. Tal como ocurrió durante el desafortunado primer año de gobierno de Kuczynski. Por tanto, lo que hizo PPK fue traicionar a sus electores. Porque se presentó con careta de zurdo para ganar votos y, consciente de que Keiko no personificaba al fujimontesinismo –tanto es así que la apoyó en la segunda vuelta de los comicios 2011–, le endilgó aquel infame mote: “Hija de ladrón es ladrona”.

Hoy Kuczynski nuevamente es el apestoso de siempre para aquella izquierda que se aprovechó de él para llegar al poder haciéndolo aparecer como uno de los suyos. Igual sucedió con Toledo. Es una constante que solo la practican los bisoños en política, como ocurrió evidentemente con ambos personajes. Un sesgo de travestismo que repudia el pueblo. Lo comprueba la orfandad de Kuczynski en víspera de debatirse su vacancia.

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