EL MUNDO AL REVÉS

EL SÓRDIDO MELODRAMA DE LA IZQUIERDA

LUIS GARCÍA MIRÓ ELGUERA

Por más esfuerzo que haga por esconder su clara colaboración con el terrorismo – senderistas y tupamaros- al ejercer la defensa de los derechos de éstos, es evidente que la izquierda será siempre incapaz de disimularlo. Antes está su identificación con los principios que propugnan estos antisociales -fundamentalmente la lucha contra los poderosos, la defensa de los derechos universales de los débiles y el impulso del cambio de las estructuras sociales vía una revolución. Es más, la izquierda persiste en su anhelo de conquistar el poder en base a unificar a todos los sectores ideológicos relacionados al pensamiento originalmente comunista, hoy matizado como socialista. Entre ellos se encuentran ambos grupos terroristas. Podrá discrepar la izquierda de sus formas –asunto superable al momento de cerrar filas por alcanzar el poder- pero jamás del fondo.

Este insalvable obstáculo atormenta a la gauche cuando, infructuosamente, busca distanciarse de camarillas terroristas como sendero y los tupamaros, mientras actúa como su defensora muy bien remunerada. Porque como abogada del terror, brinda profesionalmente su servicio asistencialista parapetada detrás de organismos tácticos llamados ONG que, primero que nada, sirven de tapadera para que enormes fortunas y prósperas fundaciones internacionales blanqueen dinero sin pagar impuestos. Precisemos. Las ONG procuran sus propios intereses a costa de cobrarle a estos blanqueadores de activos –y también al Estado- alucinantes honorarios por patrocinar a supuestos martirizados tras violarse sus derechos humanos. Jamás ejercen un rol puramente altruista para favorecer a las víctimas. Precisamente esa falta de escrúpulo –de sensibilidad, de argumentos lógicos y éticos- por quienes integran las ONG derechohumanistas, los hacen destilar tanto encono cuando persiguen a las fuerzas del orden acusándolas temerariamente de atropellar los privilegios de quienes integran sectas subversivas de exterminio humano como sendero y los tupamaros. Es palpable la simpatía que transpiran los activistas rojos, defensores de derechos humanos, por los genocidas. En todo momento ambos se manifiestan con idéntico lenguaje –incluso el corporal- y apelan a idénticos razonamientos. Tanto para victimizarse –o para victimizarlos- como al tiempo de enfilarse contra quienes, a nombre del Estado –que representa a la sociedad- persiguen a los miserables. Existe pues una comprobada simbiosis entre los representantes de la izquierda –en esta ocasión nos limitaremos a caracterizarlos como defensores rentados de los ddhh- y sus protegidos, los terroristas de sendero y el grupo tupamaro. Lo vemos en todo terreno. Como en el Congreso de la República, donde esta semana escuchamos imputaciones realmente abyectas contra los heroicos soldados de Chavín de Huántar provenientes, precisamente, de la izquierda criolla. O días atrás, mientras contemplábamos indignados la altanería de abimael guzmán y sus huestes bárbaras confrontando a un tribunal -cual poder fáctico capaz de doblegar al Estado de derecho- protegido por una escolta de sicarios que fingen de abogados de la comandancia político-terrorista -a la que representa una avanzada fanática llamada movadef- una de cuyas funciones es amedrentar a los magistrados que integran una lamentablemente incipiente Judicatura que, 25 años después, continúa procesando a los responsables del atentado de Tarata. La izquierda aunque se vista de seda…

LUIS GARCÍA MIRÓ ELGUERA

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