EL ZAR DE LA RECONSTRUCCIÓN

El presidente Pedro Pablo Kuczynski sostiene que lo que viene ocurriéndole al Perú -a raíz de la cadena de huaycos, riadas y destrozos como consecuencia del Niño Costero- “no es una hecatombe sino un problemón”. Probablemente, visto desde su cristal –el de un economista- esta sea más bien una aproximación práctica de la realidad; no obstante observando las cosas a partir de lo que percibe la gente, que es el sentimiento con el cual necesita identificarse un jefe de Estado; es decir la perspectiva del político. Lo dicho por PPK se aleja de hecho de aquella motivación que debería exhibir quien lidera el país cuando hace tantísima falta solventar los graves problemas por los que atraviesan, probablemente, uno o dos millones de ciudadanos. Por más razones que esgriman los tecnócratas que la población nacional es 31 millones, en consecuencia las víctimas no llegan al 10% de aquella. En tiempos espinosos como los actuales, quizá el número de muertos – hasta hoy 64- pudiera ser insuficientemente perturbador para el gobierno; aunque el volumen de infraestructura privada y pública destruida ya ha alcanzado cotas impresionantes y aún restan semanas para que acabe el estío. Entonces hace falta que la ciudadanía sienta que el mandatario se identifica con quienes lo han perdido todo. Si bien es verdad que PPK debe exhibir templanza, ecuanimidad y cordura -para evitar que se genere una sicosis social- también es cierto que un poco de empatía y emoción no le vendría tan mal.

El sábado escribíamos sobre la urgencia de convocar a una gran cruzada nacional para reconstruir las extensas áreas destruidas por los efectos del Niño Costero. Inclusive opinamos sobre la necesidad para el régimen Kuczynski –desde su cabeza, PPK, pasando por ministros, congresistas, funcionarios, etc.- de concentrar su atención exclusivamente en los menesteres del día a día del gobierno nacional. Suficientes problemas existen a nivel político y económico como para distraer la concentración de los principales miembros del oficialismo con capacidad, experiencia, liderazgo, empatía, solvencia y actitud, para que uno o más de ellos se aboque a la atención humanitaria –que tanto apremio conlleva- así como a la reconstrucción física de la infraestructura pública y privada (de los pobres que lo han perdido todo).  Más aún, a manera de aporte al Ejecutivo propusimos la figura de César Villanueva, ex primer ministro, es gobernador de San Martín y actual legislador por Alianza para el Progreso como posible cabeza de esa eventual organización. La verdad es que las circunstancias exigen que el Ejecutivo imponga a la brevedad una medida impostergable: designar una comisión encargada de atender, evaluar y solucionar los problemas generados por el Niño Costero. Es algo verdaderamente indispensable para cicatrizar las heridas -físicas y anímicas- que viene soportando parte de nuestra sociedad, con la absoluta solidaridad del resto del país. En este orden de ideas el mismo sábado el presidente Kuczynski anunció la designación de un “zar de la reconstrucción nacional”, sin llegar a mencionar nombres. Esperemos que hoy mismo implemente esta iniciativa. El difícil momento lo demanda.

 

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