EL OTRO YO

EL MIEDO

El miedo es una sensación que paraliza a la persona a continuar los actos que está realizando, produciéndose una inhibición del pensamiento y la percepción, que se disipa cuando el sujeto empieza a razonar sobre el temor que le embargaba. Puede originarse por un acontecimiento externo e interno. El externo se encuentra en la realidad que nos percatamos por ejemplo, la inseguridad ciudadana, las personas tienen temor de salir a la calle de noche, porque no encuentran rondando a ninguna autoridad que les permita acudir en una urgencia cuando la persona se encuentra en peligro, decidiendo mejor quedarse a salvo en sus casas.

Pasa con familias que no desean dejar sus hogares. Cuando el ciudadano adquiere la confianza de salir de su casa sin ninguna preocupación, solamente cuando las autoridades garanticen que la persona puede salir de su domicilio y regresar sin ningún inconveniente.

El miedo interior es aquel que en tu mente te hace sentir impotente, incapaz, generándote sentimientos de culpa, que bloquean la conciencia sin acceso a razonar, sintiendo un profundo temor de ejecutar determinados actos que están relacionados con la personalidad del sujeto, como por ejemplo, algunas personas tienen temor de mantener relaciones sexuales por el temor a no tener erección, descartando toda base orgánica, la impotencia obedece a un sentimiento de sentirse rechazado a no lograr la cópula sexual debido a que la raíz se encuentra en las limitaciones que le impusieron en la infancia y adolescencia de calificarlo como incapaz de lograr los objetivos y dentro de estos se encuentra la sexualidad, las relaciones interpersonales y consigo mismo como forma de realización. Estas limitaciones de origen psicógeno en algunos casos se arrastra hasta la relaciones de pareja, que conlleva la disolución de las mismas. Deben tener presente que las limitaciones están en la mente y, si es así, los seres humanos deben trabajar con un experto de la salud mental, para que a través de la psicoterapia puedan aflorar los temores y poderlos revertir a una sexualidad saludable.

Conocí el caso de una persona que mucho antes de mantener relaciones con su pareja, presentaba una serie de síntomas y signos de temor, le sudaban las manos, temblor en el cuerpo, palpitaciones, náuseas, inclusive sentía la necesidad de ir al baño. La persona había sido agredida sexualmente, sintiendo un profundo sentimiento de culpabilidad. Cuando en realidad la persona no había provocado la agresión. Se trabajó en terapia tomando conciencia de lo sucedido y en la actualidad superó sus miedos y es feliz.

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