CRÓNICAS INTOLERANTES

¡Cosas veredes!

Terrible desgaste para el Presidente, el brevísimo discurso del jueves 14  y la entrevista concedida el domingo. Con el nerviosismo de aquel que se sabe en la mentira, fue contestando y enredándose en versiones que carecían de razonabilidad e inteligencia, por el simple hecho de haber sido construidas sobre premisas falsas, y cuyo cierre final tuvo la impudicia de retar a FP: “Es una exageración donde se está tratando de sacudir al Presidente y al Fiscal de la Nación”, y de compararse con el presidente Belaunde, lo cual encendió a uno de sus hijos, que hizo el deslinde inmediato.

PPK debió haberse disculpado, sobre todo, por su falta de transparencia. Desde candidato, omitió revelar sus vinculaciones con Odebrecht, a pesar de que la operación Lava Jato se hizo pública en marzo de 2014. Le hubiera correspondido anticiparse, dejar al descubierto su cercanía con Sepúlveda y  Westfield –si como él dice, todo es legal y está en orden– para luego válidamente posicionarse como el abanderado de la lucha contra la corrupción. Las siguientes palabras, pronunciadas en enero de 2016, en Tarma, en plena campaña presidencial, hoy parecen una tomadura de pelo: “Ante tanta cochinada, los peruanos debemos apostar por tener un presidente honesto, que no sea trafero ni mentiroso, menos corrupto…” ¿Alguien le creería?

El mundo de fantasía de PPK se ha desplomado, y aún no lo asimila. Más problemática que la vacancia y el desprestigio, es el ilícito penal. Violó el artículo 126 de la Constitución. Siendo ministro conservó la propiedad de una empresa extranjera que, gestionada por un empleado de su confianza, realizaba sus principales negocios con entidades que tenían importantes intereses en el Perú, sobre los que PPK tenía amplia capacidad de decisión. Si eso no es corrupción, ¿qué es?

Estos lamentables acontecimientos ameritan reflexión y proceder conforme a ley. Recordemos que los vicepresidentes han sido elegidos en la misma fórmula que el Presidente para reemplazarlo en sus ausencias temporales o absolutas. No es razonable descalificar a Vizcarra por el caso Chinchero o, eventualmente, a Aráoz por la forma tan apasionada y casi irracional como ha defendido a PPK. Convocar a nuevas elecciones generales –como lo proponen ciertos analistas políticos, cuya labor parece dirigida a confundir a la ciudadanía– sería un gravísimo error.

Los Gobiernos de Transición no toman decisiones, son un simple puente. No queremos más parálisis para el país, ya afectado por la delicada situación económica y por la acumulación de pasivos ante la lentitud de la Reconstrucción y el falso destrabe de muchos proyectos. ¡Hoy nadie invierte, también pensemos en el país!

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