Marcos Ibazeta Marino

Acerca de Marcos Ibazeta Marino:

JAQUE MUY PELIGROSO

Los peruanos estamos jaqueados por todos lados. Las bravuconadas de Maduro respecto a venir a una Cumbre de Presidentes que recién tendrá lugar en abril, han acaparado las primeras planas de los medios de comunicación durante varios días, generando un debate estéril sobre consecuencias que no debieron producirse, si nuestra diplomacia hubiera actuado con mayor mesura y prudencia sin dejar de mostrarse firme contra el desastre democrático que viene provocándose en Venezuela. No genera una imagen seria ni del Gobierno ni, lamentablemente, del país, el ver a la primera ministra amenazar a voz en cuello con impedir como sea el ingreso de Maduro al Perú, a sabiendas del enorme problema diplomático que luego cargaremos sobre nuestras espaldas, porque es más que seguro que los otros países nos dejarán solos con el problema a cuestas, cosa que históricamente siempre nos ha pasado.

Todo el Perú vio las imágenes de una joven arrastrada por el piso de un hostal, jalada de los cabellos por un energúmeno sin ropas. El caso pasó por la Fiscalía y luego esta formalizó la correspondiente denuncia penal ante el juzgado competente. El problema es que la acusación fue tan mal planteada y el control de la imputación contenida en ella peor analizada en la audiencia respectiva que, finalmente, los jueces que juzgaron terminaron absolviendo al agresor porque, según ellos, los hechos no calzaban con los delitos imputados, aunque el razonamiento jurídico respecto del delito de violación sexual en grado de tentativa es bastante inconsistente, por decir lo menos. Al final, la sensación de impunidad frente a un hecho abusivo, violento y flagrante ha calado muy hondo en la población con el descrédito absoluto de todo el sistema de justicia.

En este escenario de descalabro, nuestro presidente, por mentir tantas veces al país sobre sus negocios personales implicantes con la función pública que realizó durante varios gobiernos, enfrentará otra moción de vacancia en el Congreso; sin embargo, si luego de la declaración de Barata aparecen datos más concretos de posibles actos de corrupción, no será el Congreso quien pida su vacancia sino el pueblo en las calles, con la subsecuente infiltración radical para generar caos y violencia social.

Finalmente, nuestra soberanía como Estado ha sido vapuleada, zarandeada y quebrada por la inefable CIDH al maniatar el ejercicio del poder constitucional por nuestros entes públicos, generando impunidad para los amigos de sus amigos.

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