Marcos Ibazeta Marino

Acerca de Marcos Ibazeta Marino:

PENA DE MUERTE… ¿HISTORIA SIN FIN?

No sé por qué designios históricos, en nuestro país, cuando se producen situaciones de desgobierno, corrupción e inestabilidad política, comienzan a arreciar los ataques de delincuentes comunes, especialmente de enfermos sexuales y de bandas organizadas para asaltos y asesinatos, cuya ferocidad, crueldad y asquerosa depravación, según sea el caso, desatan un repudio social que nace de lo más profundo del ser al ver y sentir que la humanidad de los agresores desaparece por completo para dar paso a las bestias que llevan dentro.

Es en este momento en que la población comienza a meditar si resulta más conveniente eliminar a las bestias que agreden en cualquier lugar y a cualquier hora a los individuos, a la familia, a la sociedad en general, en un ambiente donde la seguridad no existe y el Estado parece tan distante e indiferente; tanto más, que la cárcel no resocializa a nadie y los que ingresan allí salen convertidos en avezados delincuentes que organizan más agrupaciones delictivas.

Si el Estado no actúa con eficacia para neutralizar a los agresores sociales, no define si impone o no la pena de muerte denunciando cualquier Tratado que lo impida, y no perfecciona el sistema de justicia al cual muy pocos agredidos quieren llegar, que no nos extrañe que la población quiera imponer sus propias reglas al margen de las normas estatales, generando un escenario de justicia por mano propia alegando legítima defensa, con el aprovechamiento de agitadores, infiltrados y toda esa laya de líderes con pies de barro que comienzan con un discurso y terminan con otro contrario al primero.

Mientras, se excluye del ámbito noticioso y se relaja el control poblacional sobre la corrupción e incompetencia gubernativa, quebrándose la relación de causalidad que existe entre estas y la delincuencia desatada, generándose una caótica situación de confusión.

Recordemos situaciones similares desde los 70 cuando se fusiló al despreciable “Pichuzo”, violador y asesino de un niño muy pequeño, o, cuando también fueron ejecutados los asaltantes y asesinos “Patita de cuy”, “Loco Vicharra” y “Caman baby” para quienes toda la población exigía la aplicación de la pena de muerte, pero luego de los fusilamientos sucesivos, esa misma población pedía a gritos, con periódicos que regodeaban la vida miserable de los fusilados, que se eliminara la pena capital. Necesitamos madurez social y política sin veleidad alguna para la toma de decisiones porque hacerse de la vista gorda no sirve.

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