PUNTO APARTE

FENÓMENOS DE FE

Leo las impresiones del psicólogo Svend Brinkmann sobre los libros de autoayuda. Desentraña mitos, asume que la solución de nuestros problemas no reside dentro. Suena intelectual y por tanto impermeable a las supersticiones; pero Brickmann soslaya que tenemos una racionalidad acotada, decidimos mal y nos hundimos en la ciénaga. El grueso de la humanidad fracasa en algún aspecto o pierde algo o no logra sus metas.

No es gratuito que la autoayuda sea una industria billonaria. Varios de los autores que aparecen en su firmamento publicaron sus primeros libros tocando el fondo de la miseria o la crispación. Según Forbes los libros de autoayuda generan 10 mil millones de dólares anuales (solo en Estados Unidos).  Un escritor serio de novelas apenas logra escuálidas ganancias que tocan sus manos al final de la cadena de distribución. Uno de los millonarios escritores de autoayuda en Estados Unidos conoció la mendicidad, pero como en una epifanía el tema llegó y escribió un libro que vende millones. Mientras el más sesudo de los novelistas festeja la venta de sus mil ejemplares, el escritor motivacional llega a los diez o veinte millones y es traducido a varios idiomas. ¿Por qué?

Brinkmann dice que la autoayuda genera ansiedad y depresión. Los intelectuales la acusan de charlatanería. Rhonda Byrne ganó fama mundial con “El Secreto”. Solo recogió la infinidad de ideas recogidas desde siglos atrás sobre el tema (en realidad desde el antiguo Egipto). Una buena oferta encuentra su necesidad. Brickmann juzga los efectos, pero no las causas. La gente necesita comprar ilusiones. En un mundo en el que los obstáculos abundan más que la piedad del otro y en el que estás realmente solo, la fuerza interior viene de quien te hace creer que los milagros existen, si crees.

Se le suele ver con ojos zafios, pero si solo fueran páginas blancas no escribiría una línea sobre ellas, más si no supiera de testimonios vivos. Helene Hadsell es una mujer que desde su juventud (a mediados de los 50) ganó todos los concursos y sorteos en los que participó. Era infalible y tenía un método: precisar la meta, visualizar gozando lo obtenido, tener fe y recoger. Simple, ¿verdad? Recibí años atrás su libro de una persona que, precisamente, me llamaba la atención porque ganaba muchos sorteos. Hay un resorte que nos mantiene vivos y suma a la chequera de los vendedores de ilusiones: nuestra imperiosa necesidad de creer.

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