BRÚJULA COMERCIAL

GRACIAS POR EL BUEN TRABAJO

Desde mediados del siglo pasado, el término capital humano ha evolucionado y adaptado a las realidades del mundo actual, entendiéndosele hoy en día como el conjunto de recursos humanos que posee una empresa o institución. En ese sentido, se hace necesario resaltar su valor e importancia sin distinción de si hablamos de una empresa o institución privada o pública.

Si la razón de ser del sector público no es la rentabilidad como lo es para una empresa, pero sí la provisión de servicios y la generación de condiciones que maximicen el bien de la sociedad en su conjunto, la pregunta que surge es: ¿Cómo motivar al capital humano en el sector público?

Si bien hay muchas condiciones que deben estar presentes para motivar al recurso humano que labora en una institución pública, en este caso quisiera referirme al rol del liderazgo, el reconocimiento y la meritocracia. Hace un tiempo leí un libro titulado “Cuando los profesionales deben liderar”, el cual me hizo pensar sobre la indiferencia y el desconocimiento que existe en muchos funcionarios públicos, que tienen la responsabilidad de manejar grupos de individuos, acerca de lo que se requiere para ser líderes eficientes y que inspiren respeto, admiración, inspiración, motivación y compromiso.

Es poco común en el Estado que se reconozca el buen trabajo de los funcionarios, sus logros, esfuerzo y sacrificio en algunos casos. Mientras los líderes no se tomen el tiempo en reconocer y felicitar a su capital humano, difícilmente se podrá garantizar el compromiso y motivación de éste para la institución en la que laboran.

Lo más interesante es que hacer esto solo toma segundos o minutos; enviando un correo electrónico o decir personalmente “buen trabajo”, dando sugerencias, reconociendo los buenos resultados y el trabajo de otros, son formas fáciles de expresar gratitud.

Por otro lado, una de las características más resaltantes de los países desarrollados es precisamente su compromiso y capacidad de incentivar a aquellos individuos quienes tienen el potencial de destacar y de contribuir al bienestar colectivo a través de su trabajo y esfuerzo. Evidentemente estas sociedades se basan en el gobierno de la meritocracia, cuyo principal objetivo es la eliminación de la mediocridad y el empoderamiento de su capital humano más valioso.

No se puede desestimar el poder y efecto del reconocimiento. La burocracia sería otra si practicamos un liderazgo que promueva el mérito y el aprecio por los aportes que su capital humano realiza al Estado y país en general.

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