Ronald Arquiñigo

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CUADERNO DE BITÁCORA

Acerca de Ronald Arquiñigo:

La literatura policial: un repaso a su historia

Inglaterra fue la cuna del género policial hacia mediados del siglo XIX, cuando Wilkie Collins publicó en 1868 “La piedra lunar”. Más tarde el policial descargaría en América con una sutileza sensorial en sus bolsillos y una exposición de denuncias en sus maletas. Del clásico policial inglés, ortodoxo y reflexivo, cuyos cultores fueron el norteamericano Edgar A. Poe y los británicos Arthur Conan Doyle y Gilberth Keith Chesterton, saltó el policial negro, más realista como polémico, con personajes acomplejados y mundanos, tomados justamente por su imperfecta humanidad.

Poco duró para que el existencialismo calara en el perfil del policial y lo convirtiera en un género literario que lindara con el psicológico. Así llegarían Agatha Christie y sus inolvidables detectives Hércules Poirot y Jane Marple; y Patricia Highsmith, recordada por su personaje Tom Ripley, ex convicto, asesino y bisexual, con quien logró consagrar cuatro novelas en los años 60 y 70. La escuela norteamericana construyó su versión del policial y se llamó novela negra. Los maestros fueron Dashiell Hammett con “Cosecha roja” (1929) y “Dinero sangriento” (1943), y Raymond Chandler con “El sueño eterno” (1939) y “El largo adiós” (1953), pero hubo otros talentos como Horace McCoy, con “¿Acaso no matan a los caballos?” (1932), y Corman McCarthy con “El guardián del vergel” (1965).

En América Latina esta desviación del policial británico, intelectual e introspectivo, al policial norteamericano, duro y callejero, más realista que su antecesora, tuvo en países como España, México y Argentina sus primeros cultores. Sobre todo en este último en que ambas características del policial se miran de frente sin tocarse, con Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, el Rodolfo Walsh de “Variaciones en rojo”(1953) y otros, en la primera trinchera; mientras que la segunda ha sido practicada por el Walsh de “Operación masacre” (1957), Osvaldo Soriano, Ricardo Piglia, Juan Martini, Juan Sasturain, Pablo de Santis, entre otros.

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