DE PERROS Y SEMÁFOROS: NO NOS GANAN…

Uno de los principales objetivos planteados por el Ejecutivo es mejorar sensiblemente los ser­vicios brindados al ciudadano por el Estado, para lo cual ha dictado un encomiable conjunto de me­didas de simplificación y racionalización de trámi­tes, al amparo de las facultades delegadas por el Congreso. Después de todo, los ciudadanos pa­gamos el funcionamiento del Estado con nuestros impuestos.

Sin embargo, al parecer hay entidades públicas que no compran las normas legales. Todavía no se han enterado de las trascendentales reformas ad­ministrativas en marcha, ni del pundonoroso em­peño puesto en ello por las autoridades.

Para muestra, dos botones. Hace pocos días, se ha dictado el Reglamento de Perros Guía (DS 001- 2017-MIMP). Sí, un reglamento para perros lazari­llos. A partir de ahora, estas nobles bestias deben contar con carnet y registro de sanidad que acre­dite que es un animal sano (renovable anualmen­te, previo pago de la tasa correspondiente, claro está). Me imagino que ahora todos los ciudadanos caminaremos más tranquilos, sabiendo que esta­mos a salvo de la furia de estos animales.

Y la benemérita Policía Nacional del Perú parece haberle declarado la guerra a los semáforos “in­teligentes”, sobrevalorado artefacto que algunas despistadas municipalidades han implementado para confundir a los agobiados conductores y tran­seúntes limeños. Somos más inteligentes, parece ser la consigna. Y en un incontrolable arranque de celos profesionales, ahora también, por qué no, los “serenos” municipales están pugnando por entrar al “conflicto”, por decirlo de alguna manera. Así, conductores y transeúntes, atónitos, ya no solo deben mirar el semáforo antes de cruzar la calle, sino también a todas las esquinas de la intersec­ción para detectar la posible existencia de un po­licía o de un sereno camuflado en abierta discre­pancia con el semáforo, bajo riesgo de incurrir en un accidente atribuible a él mismo, faltaba más. Y así hasta llegar a su destino, cada vez que sale a la calle. ¡No nos ganan!

Es decir, el Estado no solo no mejora la vida de los ciudadanos, sino todo lo contrario. Y es que para re­formar al Estado no bastan nuevas leyes. Una refor­ma potente y sostenible requiere, sin duda alguna, modificar los incentivos que mueven la actuación del funcionario público, de manera que sus remu­neraciones se alineen con los intereses de la ciuda­danía. Bonos y compensaciones por cumplimiento de metas es indispensable. Y reemplazar el enfoque formalista de control de la gestión pública por parte de la CGR por un enfoque de resultados.

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