Giampietri, el agente 40

Los demás creían que estaba loco cuando hablaba a las paredes, pero en realidad era un intento de comunicarse con los agentes.


Por César Rojas

Si bien en la televisión se vio el coraje de los infantes del Ejército y de La Marina, poco se ha hablado del trabajo de Inteligencia.

Pedro Tolentino, técnico EP, nos cuenta sus peripecias para descubrir los movimientos de los delincuentes terroristas, y cómo el destino puso a Luis Giampietri y a la portada de un diario en el papel clave para salvar a los rehenes.

«Éramos 39 agentes de Inteligencia, que ocupamos cuatro casas cerca a la residencia del embajador japonés. Para que no nos detecten, nos disfrazábamos de vendedores de libros, ambulantes o policías que hacían ronda, como fue mi caso. El problema inicial era que obtener información especial de lo que pasaba dentro, en eso fue importantísimo el papel del almirante», nos cuenta.

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En «Rehén por siempre», Luis Giampietri cuenta cómo los demás creían que él estaba loco cuando hablaba a las paredes, pero en realidad era un intento de comunicarse con los agentes, ya que su preparación le hacía sospechar que había micrófonos.

«Cuando nos dice que si lo escuchamos, pongamos ‘La cucaracha’ en los parlantes afuera del lugar, y lo hicimos, fue un alivio. Luego una empresa de comunicaciones nos dice que un beeper funcionaba, y así nos comunicábamos. El almirante fue un agente de Inteligencia más», agrega Tolentino.

Otro problema era sacar a los rehenes japoneses del primer piso, ya que allí se proyectaba ingresar con explosivos.

«Gracias a la portada que sacó La República, los terroristas se asustaron y los mandaron al segundo piso, creyendo que cambiábamos de plan. Así pudimos ganarles», acota.