La Marina de Guerra del Perú y el legado de Grau en Angamos

Épicas hazañas, como las de Abtao, 2 de Mayo, Pisagua, Iquique, entre otras, forjaron la identidad nacional.

El 8 de octubre es una fecha de especial significado para la Marina de Guerra del Perú, que conmemora su 199° aniversario y 141 años del glorioso combate naval de Angamos, gesta heroica protagonizada por valerosos marinos al mando del epónimo Almirante Miguel Grau; quienes, a bordo del titánico monitor Huáscar, defendieron con honor la heredad nacional, ejemplo de amor a la patria y de fiel cumplimiento del deber, para todas las generaciones.

Como se recuerda, la génesis de la Marina de Guerra se remonta a 1821, cuando el General San Martín decreta su creación, consciente de que la nueva república necesitaba una fuerza militar que consolidara su emancipación.

Su historia está colmada de épicas hazañas, como las de Abtao, 2 de Mayo, Pisagua, Iquique, entre otras, realizadas por marinos notables cuyo arrojo y firmeza forjaron la identidad nacional y los valores institucionales.

Ad portas de su bicentenario, la Marina de Guerra del Perú se erige como una institución referente en los ámbitos de la defensa nacional, control del orden interno y desarrollo social del país; que en los últimos años viene consolidando un Poder Naval capaz de actuar en demanda de los intereses nacionales.

La campaña naval de 1879
En la campaña naval de 1879, Grau era el Perú. A bordo del escurridizo monitor Huáscar impidió, por casi seis meses, que los buques enemigos invadieran el suelo patrio, empleando estrategias navales reconocidas mundialmente.

La esperanza del pueblo peruano estaba cifrada en el héroe, quien, sobrecogido por tanto reconocimiento, expresó: “No soy más que un simple marino que trata de servir a su patria”.
La captura del transporte Rímac, con aproximadamente 300 hombres y abastecimiento de guerra, originó el relevo del jefe de la Escuadra chilena.

Las incursiones del monitor en la costa enemiga implicaron la destrucción de instalaciones portuarias y embarcaciones, pero evitando dañar poblados indefensos.

Chile tuvo que replantear la estrategia. “Era imposible someterse más tiempo a aquella permanente vergüenza…”, como lo señala el historiador chileno Vicuña Mackenna. Por ello el adversario preparó su máximo esfuerzo para destruir el buque peruano que paralizaba la invasión.
Aquel fatídico día llegó el 8 de octubre, en Punta Angamos, cuando el monitor se enfrentó al Cochrane. Estaba cercado, pero Grau ya lo había dicho: “Si el Huáscar no regresa triunfante al Callao, tampoco yo regresaré”.

Para más información, adquiere nuestra versión impresa o suscríbete a la versión digital, aquí.

Puedes encontrar más contenido como este siguiéndonos en nuestras redes sociales de Facebook y Twitter.