Llegó la hora que el Perú tenga una industria militar propia para impulsar el desarrollo económico en base al sector privado

Contra todo credo y pronóstico, la producción bélica puede crear naciones desarrolladas y pacíficas, afirma experto Carlos Repetto Castro.


Ya era tiempo que el Centro de Altos Estudios Nacionales (CAEN) ligado al Ejército del Perú tome en serio -por lo menos a nivel de investigaciones- la necesidad de impulsar una industria militar nacional que, en las actuales circunstancias, con las guerras de Rusia y Ucrania y las del Medio Oriente, ya es un hecho que no solo las grandes potencias son las proveedoras de armas sino otras naciones en vías de desarrollo han entrado a fabricarlas con éxito.

“La industria militar está considerada como una de las más rentables (hasta se podría decir, la más rentable) para los países desarrollados y las cifras lo demuestran”, señala el ingeniero Carlos Repetto Castro en una investigación realizada en la Escuela de Posgrado del CAEN donde analiza la correlación entre la industria castrense y el subdesarrollo.

El siguiente es un extracto que lo explica, afirma. “Cada vez más crecen los vínculos en esta industria, cuyos ejecutivos han sabido entablar relaciones productivas con los cuerpos militares y estatales; inclusive, llegando al punto en que países en críticas condiciones económicas siguen invirtiendo en estos sectores. Esto último debido a los escasos problemas que presenta esta industria en comparación con los beneficios económicos que pueda llegar a proporcionar”, escribe Ramses Richani en un trabajo titulado La Industria Militar Destruye el Subdesarrollo (2022).

“Y es que esto particularmente se vio durante la pandemia, donde mientras industrias relevantes a nivel mundial como la petrolera, la tecnológica redujeron sus números, la industria bélica no detuvo su crecimiento”.

EE.UU. a la cabeza

Y es que “como lo expresa el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo, experimentando su pico más alto en 1962, siendo un 6,4% del PIB mundial el destinado a esta industria o SIPRI (bajo sus siglas en inglés), durante el 2020, las ventas de armamento y servicios militares por parte de las compañías más grandes recaudaron aproximadamente 1.941 mil millones de dólares, traduciéndose en un aumento del 2,6% en términos reales respecto al año anterior, y esto en un período donde la economía mundial se contrajo un 4,4% según las cifras publicadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI)”, agrega Richani.

La mejor demostración, según Repetto Castro, es que Estados Unidos, India, Corea del Sur, China, Alemania, Francia, Italia, Brasil, entre otros, han logrado un desarrollo impresionante gracias a esta industria que atrae todo tipo de personal, capacitado y no, que puede obtener especialización para tener un trabajo bien remunerado y asegurado. Es una industria que no solo sobrevive los ciclos económicos, sino que permite a las naciones salir económicamente adelante.

El contralmirante de la Marina de Guerra del Perú, Enrique Arnáez Braschi en una conferencia reciente dijo que su contraparte italiana le comentó que “cuando Italia vende un buque, la ganancia es increíble”. Asimismo, mencionó que “Canadá manda a construir un buque cuando está en desbalance económico”. Estas son estrategias que los países usan para poder desarrollarse, señala el especialista.

La participación ya es global

Por supuesto que el autor es consciente que hay opiniones opuestas que perciben la industria bélica y su desarrollo como “agresivo”, “armamentista”, “provocador”, “contrario a la paz mundial”, sin embargo, otros autores son pragmáticos.

“Los acuerdos de desarme han sido insuficientes y mientras exista la demanda continuará la oferta. De esta manera, la disminución de los gastos militares, de la fabricación de armas y del comercio oficial no ha significado obtener dividendos para la paz, ya que los recursos que se han obtenido no han sido destinados a tareas de desarrollo. (Toro Dávila, 1995).

Es más, en el artículo “El crecimiento de la industria militar en países en desarrollo impacta en el proceso de subdesarrollo”, el experto subraya estos párrafos:

La mejor prueba del surgimiento de las industrias bélicas en países menos desarrollados (less developed countries – LDCs) y su participación en el comercio de ventas de armas mundial, no es marginal, es global.  Este fenómeno se nota en la última lista publicada por SIPRI (Stockholm International Peace Research Institute) donde se puede ver que los proveedores de armas para Irán o Irak en el conflicto del ‘80 no eran solamente los Estados Unidos y la Unión Soviética y los miembros de OTAN o del pacto de Varsovia”.

“Irak recibía armas y otro tipo de productos militares de respaldo en China, Egipto, Jordania, Kuwait, Saudí Arabia, los Emiratos Árabes, Pakistán, Corea del Norte, Marruecos, Etiopía, Sudán, Chile y Brasil. Por el otro lado, Irán compraba armamento pesado a Taiwán, Vietnam, Argelia, Libia, y Argentina y no incluía a los miembros de OTAN o del pacto de Varsovia. (Wionczek, 1986)”.

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Desde aquella guerra que duró desde 1980 hasta 1988, aun antes de la caída del Muro de Berlín (1989) debe estar claro que varios países llamados subdesarrollados ya estaban inmersos en el desarrollo de su industria bélica como motores económicos para mejorar su economía y la calidad de vida de sus pobladores.

Más allá de guerras episódicas, estaban en un estadio de armamentismo controlado que produce la paz, aunque esto parezca un contrasentido, precisa Repetto.

Si hablamos de industria militar. en su opinión, nos inducen al armamentismo. Es lo que hacen los países desarrollados a través de tratados de libre comercio y otros convenios internacionales logrando que los países no desarrollados descuiden su industria militar.

“Obviamente eso tiene una razón, la cual es netamente económica más que social. Ellos exponen que el armamentismo debe ser controlado y manejado por países que tengan la solvencia ética y moral comprobada y así no crear más guerras y conflictos que podrían afectar a millones de personas. Sin embargo, vemos que los países más desarrollados son los que siempre están en guerra o las incentivas, y esa guerra les produce industria, la cual produce trabajos para sus ciudadanos e ingresos bastante elevados (…)”.

¿Estamos acaso frente a una total contradicción? Los países del “primer mundo” se han dedicado a crear una industria militar bastante poderosa y eso les ha dado una “buena vida” -en términos de Platón- a sus ciudadanos y ellos son los que a través de mecanismos legales prohíben a los países no desarrollados a tenerla y por ende los mantiene sometidos y bajo su control.

¿Es eso ético y moral? ¿Estamos siendo todos los países subdesarrollados tratados como seres inferiores? ¿Por qué aceptamos estas condiciones que son tan lesivas para el desarrollo de las naciones?, se interroga el ingeniero industrial de Northeastern University Boston Massachusetts U.S.A., en declaraciones a EXPRESO.

Industria militar en el Perú

En el Perú el SIMA (Servicios Industriales de la Marina S.A.) ha logrado recientemente una alianza con Hyundai, el astillero más grande del mundo, para construir buques y barcos. Es un avance, con el solo detalle que mientras Hyundai busca rentabilidad para seguir creciendo, el Perú gasta el dinero para construir. Existe además la FAME (Fábrica de Armas y Municiones del Ejército S.A.C.).

Para Repetto Castro las dos empresas cometen un error al no considerar la rentabilidad como un factor importante y no contribuyen al desarrollo económico de las mayorías nacionales. “Al momento la industria militar peruana es prácticamente inexistente”, advierte, aunque se hayan vendido drones a Ucrania.

Principio de rentabilidad

Se debe tener en claro entonces que las industrias para crear desarrollo tienen que ser rentables. Por eso en los países desarrollados es operada por empresas privadas (Boeing, Lockheed, por ejemplos, en Estados Unidos) que le dan servicio a su nación creando armas que sus fuerzas armadas solicitan.  La razón es simple, los militares son operadores de estas armas, pero no es importante para ellos la rentabilidad.

En cambio, para una empresa privada, sujeta a accionistas que invierten su dinero para obtener un rédito, la rentabilidad es una de las metas principales. Como se puede ver, darle el control del desarrollo de la industria militar a las Fuerzas Armadas ha sido y sería un error. El control debe ser compartido por el sector militar y el sector privado.

GUERRA
 

La industria militar, visto desde esta perspectiva, “es un motor económico para las naciones, proporcionando excelentes fuentes de trabajo directo e indirecto. Los puestos de trabajo directos son altamente calificados y requieren de más capacitación, sin embargo, la industria bélica también requiere de proveedores de diferentes materiales y servicios, que les puedan abastecer a tiempo todo lo que la industria necesita, desde carpinteros hasta abogados, desde psicólogos hasta soldadores”.

En la base de esta propuesta está la verdad maciza -probado en todo el mundo- de que la industria militar es un generador de desarrollo económico y tecnológico.

En adición, una vez construidos estos equipos y dado que nuestras fuerzas militares y las fuerzas policiales tienen que usarlos, luego habrá obviamente un desgaste natural por lo que armas y equipos se tienen que reponer.

Y eso hace que la industria continúe produciendo y creando puestos de trabajo. Esto muestra el porqué es tan resistente a las recesiones y a los ciclos negativos de la economía porque solamente en el Perú su mercado asegurado sería de más de 600,000 efectivos en actividad que integran las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional.

Conclusiones

“Emular las buenas estrategias de desarrollo, inicialmente con la ayuda de naciones socias, sería la forma más idónea para desarrollar esta importante industria, la misma que en definitiva tiene que ser un esfuerzo combinado, multisectorial, dirigido por el sector público y privado con dos stakeholders (partes interesadas) principales: las empresas privadas que crearían y desarrollarían la industria, y las Fuerzas Armadas y Policía Nacional, que serían  los usuarios que pondrían los requerimientos necesarios para su elaboración”, plantea.

No es recomendable que las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional tengan control total de la industria militar ya que su función es muy diferente, sugiere. Como cualquier industria para ser sostenible tiene que tener rentabilidad y sin ella todo el concepto de desarrollo económico no funcionaría.

Los militares están formados para hacer uso de las armas, pero no para fabricarlas. El inversionista, el sector privado, depende de su buen manejo económico para poder crear rentabilidad, la especialidad del sector privado es producir ganancias, el dicho “zapatero a tus zapatos” aplica perfectamente.

Es por eso que lo más importante para desarrollar esta industria en el Perú es la cooperación multisectorial de los sectores públicos y privados, creando política pública que promueva la inversión de los privados, nacionales y extranjeros, y con las FFAA y PNP como socios estratégicos. De esa forma se aseguraría que el Perú podría desarrollar una industria que mundialmente ha comprobado que logra mejorar la calidad de vida para sus ciudadanos, concluye Repetto.

Drones peruanos en Ucrania

En enero del 2023 las fuerzas armadas de Ucrania adquirieron del Perú un paquete de drones o aviones no tripulados CW-40D para su uso en inteligencia, vigilancia y reconocimiento (ISR) de parte de la empresa peruana Diseños Casanave Corporation S.A.C.

El dron UAS CW-40D “es un esfuerzo de colaboración entre Diseños Casanave y la empresa china Jouav, lo que significa que normalmente se requeriría obtener la aprobación de China para la venta de estos UAS a Ucrania”, señala en ese entonces el portal especializado armyrecognition.com.

Se trata, además, de un dron de despegue y aterrizaje vertical (VTOL) con alas fijas propulsado por un motor híbrido que combina tecnologías de batería eléctrica y gasolina. “La participación de Jouav en la producción del CW-40D refleja sus orígenes chinos”, subrayan los expertos.

Los drones se han convertido, en diferentes versiones creadas en Occidente y en la misma Ucrania y Rusia, entre otros países, como Irak y China, en el arma más barata ante el elevado costo de misiles balísticos y de crucero, e incluso de cohetes y municiones antitanque, como el Javelin, el más usado en Ucrania.

DRONES

Sin ganar la guerra a Israel ya se benefició

En estos días, Irán, está en guerra con Israel. Aunque no colindan, sus creencias religiosas y enemistades ancestrales los mantienen como enemigos. Esta guerra declarada por Irán tiene connotaciones importantes. Su tecnología militar es avanzada y esta guerra les permitirá desarrollar sus conocimientos de ingeniería, física, química y mucho más.

Sin tomar partido, se puede afirmar que el simple hecho de poder atacar a un país lejano y ultramoderno demuestra una capacidad militar que lo convierte en un aliado o enemigo para las grandes naciones. Irán, creará miles de puestos de trabajos para sus ciudadanos, sin ganar la guerra ya se benefició.

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