Los abusos por parte de la Iglesia | Caso Sodalicio

Sodalicio, el mayor escándalo de abusos sexuales en el Perú vinculado a un grupo religioso. El tema de los abusos sexuales por parte de los religiosos ha sacudido las entrañas del Vaticano.


Los secretos mejor guardados de la Iglesia y los abusos sexuales realizados por varios sacerdotes vuelve a la palestra pública, luego de que el papa Francisco haya tomado cartas en el asunto, para resolver esta situación tan incómoda que se ha venido realizando en varios países y por varias vertientes religiosas patrocinadas por el Vaticano, como el Sodalicio. 

La existencia de obispos homosexuales en la Iglesia católica, la anglicana y otras tradiciones es una cuestión históricamente documentada, aunque hasta recientemente jamás ha sido considerada lícita por ninguna de las denominaciones cristianas. ​La actividad homosexual se realizaba en secreto. Cuando se hacía pública, la respuesta oficial podía variar desde la inacción hasta suspensión en el ejercicio de los cargos ligados al sacramento del orden. ​Mientras que en la Iglesia católica está virtualmente prohibido, la Iglesia Anglicana ordena sacerdotes y obispos abiertamente homosexuales, al igual que la Iglesia episcopal, ​ y la Iglesia de Escocia. ​ Igualmente, iglesias nacionales luteranas como la Iglesia del Pueblo Danés y la Iglesia de Noruega permiten la ordenación de clérigos abiertamente LGBT. En Alemania, las iglesias luteranas, reformadas y unidas, como parte de la Iglesia Evangélica en Alemania, ordenan a clérigos abiertamente LGBT.

El caso Sodalicio

El mayor escándalo de abuso sexual perpetrado por miembros de la Iglesia católica en el Perú sigue sumando noticias. Ahora buscan evadir impuestos para no pagar reparación civil a sus víctimas.

Hace unos años los periodistas Pedro Salinas y Paola Ugaz revelaron en su libro Mitad monjes, mitad soldados los abusos que cometió el Sodalicio de la vida cristiana a manos de su fundador, Luis Figari, y otros miembros de la Iglesia. A pesar de los años que lleva en investigación y las denuncias sumadas a este caso, las víctimas aún no obtienen reparación y la Iglesia católica peruana sigue buscando cómo tapar la enorme mancha de su reputación.

El Sodalicio de vida cristiana es un grupo religioso peruano que fue fundado por Luis Figari en 1971, cuenta con más de 20.000 seguidores en 25 países y fue reconocido oficialmente por el papa Juan Pablo II en 1997.

MÁS INFORMACIÓN: Conferencia Episcopal se pronuncia sobre condena al periodista Pedro Salinas por caso Sodalicio

El escándalo de abusos sexuales por parte de la Iglesia se ha extendido por toda Latinoamérica. En 2007, mientras se erigía en Santiago de Chile la segunda comunidad del Sodalicio, con el nombre de Madre de los apóstoles, la Policía encontró en un hotel al sodálite Daniel Murguía Ward con un niño de 11 años, al que iba a tomarle fotos desnudo. Fue expulsado de la sociedad y encarcelado año y medio.

Luis Fernado Figari, fundador y sacerdote del Sodalicio, fue denunciado por abuso sexual por varios jóvenes y por usar su posición de liderazgo para tener un control y dirección autoritaria sobre la mayoría de los sodálites.  Él abusó de su posición de poder en la organización, ya que muchos creían que sus palabras y directrices provenían directamente de Dios. A pesar de que la Fiscalía peruana solicitó nueves meses de prisión preventiva para Luis Figari, él logró escapar y se encuentra en la actualidad en Roma.

Germán Doig, quien era segunda mano de Figari, fue denunciado por violencia sexual por José Escadó Steck, un exsodálite que en el 2019 acudió al Congreso para declarar sobre los abusos cometidos por sus entonces superiores German Doig y Luis Figari  durante su estancia en esta institución religiosa.

Escadó contó que cuando tenía 17 años, Doig le pidió que acudiera a su oficina y se desvistiera con el pretexto de ver si su cuerpo estaba “físicamente listo” para los trabajos del Sodalicio. “Comenzó a tocarme en distintos músculos del cuerpo para ver, según él, si yo tenía la fuerza física para soportar los ejercicios”, según manifestó.

Sodalicio, el inicio

Los periodistas Pedro Salinas y Paola Ugaz publicaron la primera versión del texto en el 2015, donde reunieron 30 testimonios de abusos ocurridos a lo largo de casi 30 años, en los que las víctimas (que no dan sus nombres por seguridad) señalan como autores al mismo fundador del movimiento, el laico Luis Fernando Figari Rodrigo, y a otras cabezas de la organización. De estos testimonios, cinco narran episodios de abusos sexuales.

En el 2018, a través de un comunicado, el papa Francisco ordenó la intervención de la organización católica Sodalicio de vida cristiana, que se daría a través de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedad de Vida Apostólica.

En febrero del 2017 el Sodalicio de vida cristiana dio a conocer el informe de la comisión creada para investigar los presuntos abusos sexuales y físicos cometidos por miembros de este movimiento religioso, entre ellos su fundador Luis Figari.

SODALICIO
El documento reúne testimonios de decenas de exsodálites que narraron sus traumáticas experiencias. Se detalla, exactamente, los testimonios de catorce hombres que dijeron haber sido abusados sexualmente por Figari cuando eran menores de edad. Esto habría ocurrido entre los años de 1975 y 2009.

“No tenía a quién acudir cuando me di cuenta de que Figari estaba abusando sexualmente de mí… Yo era joven y él era demasiado importante y poderoso como para acusarlo. He vivido con esta experiencia por más de treinta años, no desaparece”, señaló una víctima.

La Iglesia, al conocer los hechos divulgados por los periodistas Pedro Salinas y Paola Ugaz, inició una querella contra ellos y los denunció por difamación. El principal denunciante fue José Antonio Eguren, arzobispo de Piura y Tumbes, quien también es exmiembro del Sodalicio. El hecho fue calificado por varias fundaciones de periodismo como una censura a los medios de comunicación

El libro revelador

La misión papal que investiga por abusos a la congregación peruana Sodalicio prepara un informe con los relatos de las víctimas. Pedro Salinas es agnóstico, pero espera un milagro desde hace décadas que el Sodalicio, la congregación religiosa que lo manipuló durante su adolescencia y sus primeros años de juventud, sea suprimida. Es decir, que pierda la aprobación canónica que le dio el papa Juan Pablo II en 1997, otorgándole el estatus de sociedad de vida apostólica, y sus miembros sean juzgados como civiles y no se escondan más bajo la sotana de la Iglesia católica. Salinas quiere justicia para las decenas de víctimas que aseguran haber sido torturadas física, psicológica y sexualmente en nombre de un carisma divino, pero también desea un cierre para esta historia que dice haberlo Arruinado. Ha escrito dos libros para develar lo que asegura son las grandes mentiras de esta organización: Mitad monjes, mitad soldados (2015), en coautoría con la también periodista Paola Ugaz, y Sin noticias de Dios (2022).

Con este voluminoso libro de casi 900 páginas, Pedro Salinas acudió a la sede de la Nunciatura Apostólica de Perú, en el distrito de Jesús María, en Lima. Lo esperaba un dúo que le ha devuelto la fe: el arzobispo de Malta, Charles Scicluna y el sacerdote español Jordi Bertomeu, un tándem que en el pasado investigó los abusos del cura chileno Fernando Karadima, enviados esta vez por el papa Francisco para investigar a fondo al Sodalicio de Vida Cristiana.  La de Salinas fue la primera de una serie de reuniones que se prolongaron durante casi una semana, en un salón pequeño y austero, en el primer piso de la Nunciatura. “Es la Biblia del Sodalicio”, le dijeron ambos a Salinas, sosteniendo su libro, el cual ya habían leído gracias a un heraldo que se lo entregó al Papa meses atrás en el Vaticano.

Las preguntas tuvieron un nivel de detalle que al periodista le asombraron. Conversaron sobre una carta que nunca llegó a existir: en 2018, una veintena de exintegrantes, muchos de ellos víctimas sexuales, acordaron firmar un documento en conjunto con obispos de la Conferencia Episcopal Peruana para plantear que el “ADN del Sodalicio es el de una organización sectaria y destructiva que nada tiene que ver con la Iglesia católica”. El hecho era inédito y representaba un golpe para la congregación, pero no se consumó. Le preguntaron también por un incidente contemplado en su obra: un testimonio anónimo de alguien que dice haber sido abusado por Luis Fernando Figari a fines de los años sesenta, antes de que fundara el Sodalicio en 1971.

LIBRO SODALICIO
Como han contado otras víctimas, la dinámica era la siguiente: Scicluna preguntaba y Bertomeu tomaba nota en una laptop e intervenía cada tanto para precisar algunas cosas. Ambos no emitían juicios de valor. Estaban allí principalmente para escuchar. Todos coinciden en que allí radica la gran diferencia con otros enviados de la Iglesia: haberse sentido escuchados por primera vez. Otro aspecto que destaca Salinas es que, gracias a la misión, se vio desfilar a la plana mayor del Sodalicio, como el colombiano José David Correa, superior general, o el sacerdote Jaime Baertl, sindicado por investigaciones periodísticas como quien controla el poder económico. “No dan declaraciones a la prensa. Su estrategia de toda la vida es mantener el perfil bajo y eso se rompió con esta visita. Después de que el caso ha saltado a la luz pública, la misión Scicluna-Bertomeu ha logrado que se les conozca la cara a los cómplices y encubridores de esta cultura de abusos”, dice Salinas que denuncia haber sufrido hostigamiento judicial y mediático junto a los periodistas Paola Ugaz y Daniel Yovera por haber investigado los tentáculos de la organización.

Actualmente, tres miembros del Sodalicio son investigados por la Fiscalía por presunto lavado de activos. Se presume que utilizan empresas offshore en Panamá e Islas Vírgenes para evadir al fisco en negocios mineros de la congregación. Además de predicar el evangelio, este grupo de laicos ha consolidado un holding empresarial en rubros variopintos: salud, educación, agroexportación, inmobiliario, servicios funerarios y minería.

La Iglesia, al conocer los hechos divulgados por los periodistas Pedro Salinas y Paola Ugaz, inició una querella contra ellos y los denunció por difamación. El principal denunciante fue José Antonio Eguren, arzobispo de Piura y Tumbes, quien también es exmiembro del Sodalicio. El hecho fue calificado por varias fundaciones de periodismo como una censura a los medios de comunicación.

El papa Francisco

El Sumo Pontífice convocó a los obispos a Roma para elaborar una hoja de ruta a fin de combatir los abusos sexuales perpetrados por miembros de la Iglesia católica.

“Invito a orar por esta cita, que yo deseaba como acto de fuerte responsabilidad pastoral de cara a un desafío urgente de nuestra época”, manifestó en declaraciones recogidas por la agencia de noticias “Associated Press”.

El Sumo Pontífice convocó a los obispos a Roma para elaborar una hoja de ruta hacia adelante tras décadas de abusos cometidos por sacerdotes y prelados, y encubiertos por sus superiores.

La Iglesia católica se ve sumida en una serie de escándalos sobre abusos sexuales y pedofilia que han erosionado la confianza de los feligreses en el Vaticano y el clero.

Abusos sexuales de prelados en el mundo

Iglesia católica de Colombia reconoce más de 100 casos de abusos cometidos por curas. El arzobispo de Bogotá aseguró que el religioso que no denuncie estos casos “es encubridor y cómplice, y tiene que responder como si fuera abusador”.

La Iglesia católica de Colombia reconoció que en el país hay más de cien casos de abusos sexuales cometidos por sacerdotes y aseguró que los religiosos que sepan de estos sucesos y no los denuncien son también “abusadores”.

“Solo en Bogotá tenemos 12 casos de abusos, y en toda Colombia podríamos hablar de más de 100”, dijo el cardenal colombiano Rubén Salazar a la revista local Semana.

El arzobispo de Bogotá, que no precisó las edades de las víctimas ni el periodo en que fueron cometidos los abusos, aseguró que el religioso que no denuncie estos casos “es encubridor y cómplice, y tiene que responder como si fuera abusador”.

En Colombia, un país de 48 millones de habitantes de mayoría católica, al menos una veintena de sacerdotes han sido señalados por abusos sexuales contra menores en los últimos años, según las autoridades y conteos de medios locales.

En Australia la corte australiana declaró culpable de pederastia al cardenal George Pell, número tres del Vaticano. Pell, de 77 años, es el más alto responsable de la Iglesia católica condenado en un caso de crímenes sexuales contra menores.

El cardenal GEORGE PELL, número tres del Vaticano, fue declarado culpable de crímenes sexuales contra menores en Australia, convirtiéndose en el más alto responsable de la Iglesia católica condenado en un caso de pederastia, anunció este martes una corte australiana.

El cardenal fue declarado culpable en un juicio en diciembre de haber abusado sexualmente de dos monaguillos en la sacristía de la Catedral de San Patricio de Melbourne en los años 1990. Pero el tribunal de Melbourne prohibía que los medios de comunicación informaran sobre esta situación.

En España desde parroquias de pequeños pueblos, hasta en escuelas y seminarios, las denuncias van aflorando como si se tratase de una reacción en cadena. Desde parroquias de pequeños pueblos, hasta en escuelas y seminarios, las denuncias van aflorando en España como si se tratase de una reacción en cadena.

“Llevaba veinte años callado, intentando lidiar con los tocamientos que denuncia haber sufrido durante un año por parte de un monje cuando participaba en un grupo de “scouts” en el monasterio benedictino de Montserrat, en un escarpado macizo al noroeste de Barcelona”, señalo una de las víctimas.

Este monasterio es un símbolo del nacionalismo catalán. Y su abusador, fallecido en 2008, era uno de sus monjes más carismáticos.

Desde entonces, otras nueve personas denunciaron ser víctimas del mismo monje y estallaron nuevos escándalos: en escuelas de los Salesianos en el País Vasco, en varias parroquias catalanas y en un colegio religioso de Barcelona.

En un gran escándalo revelado en 2016 en las escuelas Maristas, con 43 denuncias contra 12 profesores, solo dos docentes terminaron en la justicia, uno condenado y el otro pendiente de juicio.

Situación similar se vive en Italia, criticada por un reciente informe del Comité de Derechos de la Infancia de Naciones Unidas por los “numerosos casos de niños abusados por personal religioso”.

El excardenal y arzobispo emérito de Washington Theodore McCarrick perdió su condición clerical sancionado con el máximo castigo en el derecho canónico, dejando una Iglesia católica en la que fue determinante su poder sacudida por las acusaciones de los abusos sexuales que se le atribuyen.

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