Vraem: corrupción e impericia dejan 563 muertos
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El fracaso de la operación ‘Ojo de Águila’ que costó la vida de dos militares y un policía es el resultado de la errada política ejecutada por los distintos gobiernos en el Valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem), para derrotar a Sendero Luminoso, así como por intereses subalternos que se han impuesto a los intereses nacionales.

Así lo explicó el general (r) EP Leonel Cabrera Pino, exjefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, quien reveló que esta errónea política en el Vraem ha cobrado la vida de 423 militares, 95 policías y 45 civiles, en más de 13 años de operaciones en la zona.

“Así seguiremos escuchando la música fúnebre vertida desde el Vraem, por nuestros valerosos combatientes que saltan y se pierden en el anonimato. Muchas vidas se pierden para llenar los bolsillos de los que se encuentran en la cadena de las decisiones políticas, económicas, sociales y militares. A estos jóvenes peruanos los han matado quienes tienen la responsabilidad de hacer cumplir con lo que dice el primer artículo de la Constitución: la defensa de la persona humana y respeto a su dignidad”, subrayó.

Recalcó que si no se sigue una estrategia desde el Gobierno, ni se nombra personal competente, los muertos, el narcotráfico y la extrema pobreza perdurarán en el Vraem.

“El Vraem es la piedra en el zapato para los gobernantes, paraíso para narcos, terroristas, políticos corruptos y funcionarios públicos incapaces, y una tumba para nuestros jóvenes combatientes”, lamentó.

EL ROL DE HUMALA

“Parece ayer cuando a Ollanta Humala habló en su campaña sobre pacificar al Vraem. En sus primeros años de gobierno, cada vez que había muertos, prometía pacificar el Vraem; antes del término de su mandato lo mismo, pero la corrupción pudo más y hoy otra vez es candidato presidencial”, lamentó.

Pese a esas promesas, recuerda el general Cabrera Pino, Humala y su ministro de Defensa, Pedro Cateriano, impidieron la captura del delincuente terrorista Víctor Quispe Palomino, alias ‘camarada José’.

“Me sacaron del cargo en momentos en que mis fuerzas iban a tomar por asalto el cuartel camuflado en túneles del jefe del narcoterrorismo de Sendero Rojo en el Vraem”, recordó.

Pero hoy no tiene más esperanzas al señalar que incluso el actual presidente Martín Vizcarra también prometió pacificar la zona antes de terminar su mandato. “Pero con una administración pública copada por los amiguísimos, ignorantes de la realidad, seguiremos igual”, dijo a EXPRESO.

Recordó que en 2010, se aprobó una estrategia militar para culminar con la pacificación en el año 2013, mediante el “Plan Dinámico”, que marcaba una línea de tiempo con fases, etapas, acciones y planes subsidiarios, para declarar el Estado de Derecho y transferir la responsabilidad del control territorial a la Policía, de acuerdo a lo previsto por nuestra Constitución.

Dijo que en el mismo año, como actividad necesaria para llegar a la pacificación, se creó una compañía de inteligencia para el Vraem, pero no llegó a una articulación total con las agencias de inteligencia de la Fuerzas Armadas, PNP, DINI y los otros sectores, por el celo entre Defensa e Interior, y por falta de decisión política.

Pese a ello, dijo, se iniciaron operaciones integradas entre las Fuerzas Armadas, Policía y Ministerio Público contra el narcotráfico y el terrorismo y se rediseñó el dispositivo de todas las fuerzas operativas del Vraem, incluyendo la inteligencia humana y técnica, para el control efectivo de los centros de gravedad del terrorismo y narcotráfico.

Así también se incrementaron destacamentos operativos y administrativos, con recursos humanos y materiales, al mando de un coronel cada uno, dos en la sierra (Huachocolpa y Churcampa) uno en la Oreja de Perro (Villa Virgen) y el administrativo en Mazamari, para el apoyo a las operaciones, entre otras medidas. “Con estas acciones se logró reducir el accionar terrorista de aproximadamente más de 60,000 km a 4,000 km, entre las zonas del río Mantaro y Ene”, recordó.

BAJA PRESIÓN

Sin embargo, en 2011, durante el gobierno de Humala, denunció, se desactivaron los destacamentos y se redujeron las bases contraterroristas; el personal entrenado para la pacificación del Vraem fue cambiado progresivamente fuera de la zona de operaciones.

“De esta manera, se baja la presión sobre los delincuentes terroristas y estos se proyectan al eje energético en los valles de Urubamba y Echarate, incluso pretenden tomar el Huallaga ante la caída de ‘Artemio’. Seguidamente se produjo la operación ‘Libertad’ conocida por sus resultados negativos”, recordó.

“El 2014, al asumir la jefatura del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas retomamos la estrategia y formulamos una nueva directiva para alcanzar la pacificación total a mediados del 2015”, dijo.

No obstante ello, el 2015, también en el gobierno de Humala, al nombrarse nuevos comandos, se advirtió un cambio en la intensidad de las operaciones, sin haberse culminado la adquisición de los medios para activar las bases contraterroristas altamente móviles, ni con el despliegue de las bases de control territorial estratégico para aislar a los terroristas.

“Existe estrategia militar; sin embargo, los políticos y funcionarios responsables ignoran el escenario de operaciones y dejan que las FF.AA. y la PNP hagan lo que crean conveniente, y es ahí donde se quiebra la continuidad de la estrategia militar, porque el puesto de comandante del Vraem y del jefe del CCFFAA, solo dura un año o dos a lo máximo, insuficiente para continuar, concluir y hacer el seguimiento del cumplimiento y desarrollo cabal de la estrategia militar”, sentenció.

NUEVO ENFOQUE

Cabrera Pino, quien también fuera jefe militar en el Vraem, planteó que la problemática de esta zona requiere un nuevo enfoque para enfrentarla con base en su realidad. “El motor principal ahora debe ser la educación, salud, servicios básicos y apoyo a la población urbana rural; la Fuerza Armada, en particular el Ejército, puede cumplir nuevos roles y muy bien apoyar”, señaló.

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