Como por arte de magia, por virtud estadística o por ‘humor popular’ una coyuntural encuesta lanza lo que podría ser la ‘nueva’ polaridad con miras a las elecciones presidenciales en 2021. En esta medición [EC-Ipsos, 14/02/2020] aparecen liderando la lista Daniel Urresti y Salvador del Solar empatando con 11% en las ‘simpatías políticas’. Por supuesto, por encima de todos, aparece ganando el 34% de encuestados que no quiere a ninguno de la lista junto a un 9% de indecisos. Al realizarse una evaluación rápida se puede ubicar a Urresti como un personaje cuya operatividad política ha abonado y sigue abonando indirectamente, entre otros aspectos, a minimizar las graves acusaciones de corrupción contra la otrora dupla presidencial Heredia-Humala.

De hecho el hoy congresista fue uno de los ministro insignia de la dupla, nada menos que en el estratégico Ministerio del Interior. Así, mientras sus intervenciones públicas en los últimos años se focalizaron casi exclusivamente en pechar a los enemigos de Ollanta y Nadine, guardó cautela en arremeter contra los enjuagues corruptores ocurridos durante el humalato. El silencio selectivo ‘anticorrupción’ de Urresti parece replicarse hoy con el vizcarrismo gobernante. Y es posible que esa conveniencia tome mayor cuerpo según se aproxime la justa electoral de 2021. No hay que olvidar que José Luna -dueño del partido que catapultó a Urresti al Congreso- estuvo muy cómodo en la foto y en la reciente cita palaciega del 3 de febrero. Según la misma encuesta quien lo empata en ‘simpatías’ es un expremier de Vizcarra. Salvador del Solar fue un bróker político audaz del mandatario y de lo que ya se ha llamado como ‘la coalición vizcarrista’.

Su rol en el cierre del Congreso fue determinante para reafirmar la pauta de poder en favor del régimen que domina hasta hoy las circunstancias políticas. Prácticamente aniquilado el equilibrio de poderes institucionales luego del golpe gris del 30 de setiembre del año pasado -además de algunos sectores políticos enemigos y opositores-, empieza a mostrarse cómo la estructura humalista de funcionarios y operadores políticos se ha mantenido o reciclado -post 2016- en importantes puestos estatales y de gobierno. ¿Esta ventaja de posiciones e inclinada correlación de fuerzas perdurará más allá del 2021 beneficiando al oficialismo y sus aliados? Si la etiquetada coalición de Vizcarra y los Heredia-Humala es real y operante [para muchos esta convivencia explica la impunidad de la que goza la expareja presidencial] y no un invento como algunos aducen, nada abona más a los cálculos de esta coalición que una aparente ‘polarización’ entre Urresti y Del Solar con miras a las elecciones generales del 2021. El encuadre [y el afán por establecerlo desde cierta prensa y desde el establishment politológico progobiernista] de la próxima competencia electoral solo a estas dos alternativas ‘dominantes’, podría dar la apariencia de un cambio en las líneas divisorias. Líneas que aparentemente ‘reorganizarian’ las alianzas y la naturaleza del conflicto quizás en ciertos temas [como el de seguridad ciudadana o el de los inmigrantes venezolanos] pero no en el de fondo, ya que ambos, Urresti y Del Solar, jugarían de una u otra manera a favor de la situación de poder que ha nutrido la supervivencia del vizcarrismo y el humalismo.

Hoy vemos como Ollanta Humala se pasea por el país y algunos medios en campaña política permanente. En política pues la definición de las alternativas que se le presenta a la opinión pública constituye un recurso crucial para controlar el resultado de los conflictos. La dirección es sencilla: quienes definen las alternativas, definen las opciones de poder y su localización. Estas son las que manejarán finalmente a la nación. Sin margen o con poco o nada para apuntalar otras alternativas competidoras, aquellos millones de electores que no ven estas dos opciones [las del ‘humalista’ Daniel o el ‘vizcarrista’ Salvador, como tampoco a sus antagonistas como el fujimorismo o el aprismo] efectivas para solucionar los problemas nacionales, solo les queda engordar el creciente voto blanco-nulo o el ausentismo el 2021. O, en todo caso, esperar a que el 2026 emerjan otras alternativas viables. ¿Surgirán?