¿Será Manuel Merino la nueva piñata durante la etapa electoral? Brotan cada vez más preguntas.

La reciente vacancia no solo sustrae a Vizcarra del control del poder presidencial, sino que además lo ubica en un punto incierto para afrontar las investigaciones judiciales (si es que estas instancias actúan realmente de forma imparcial y desconectadas de toxicas influencias políticas) ante la avalancha de indicios y evidencias de corrupción.

Pero, sorprendentemente, también le puede dar (siguiendo un plan cauteloso y desechando el azar) la oportunidad de asegurar en adelante valiosas impunidades selectivas. Y quizá hasta la opción de retornar políticamente cuando la tempestad amaine. Algo parecido a lo que ocurre con Humala, suelto hoy en plaza como candidato pese a las acusaciones en su contra.

No hay mejor escenario para lo anterior que el triunfo presidencial en abril de 2021 de algún competidor funcional a la «revancha» política que la coalición vizcarrista (que incluye a humalistas, nadinistas y «caviares» quienes han tenido cierta hegemonía en el control del aparato estatal desde el 2011) haya proyectado luego de la salida del expresidente de Palacio de Gobierno el dia de ayer, 9 de noviembre.

Como es obvio, las decisiones en política no suelen ser aisladas y es posible que el pronunciamiento final del exgobernante, cabizbajo, diciendo que dejaría el poder, bien puede haber dado inicio a una estrategia de victimización no menos calculada. Hoy, un día después de tal pronunciamiento desde el frío patio palaciego, las fuerzas politicas y mediáticas que le dieron sostén han empezado a alentar que desde las calles lo consideren un sufrido «defensor de la democracia». Audacias notables.

Contra lo que pueda pensarse, lo ocurrido en las últimas horas no cancela los afanes de fondo y de sobrevivencia politica de la coalición vizcarrista. Más bien los libera, logra de cierta forma remover a Vizcarra como epicentro de los previsibles y crecientes disgustos  ciudadanos trasladando ahora las culpas —en adelante— al estrenado presidente Merino y al «odioso, populista e impresentable» Congreso de la República.

Lo que los peruanos pueden estar presenciando es una especie de desplazamiento del conflicto en el que se busca concentrar el rechazo de manera permanente en los «triunfantes» antagonistas parlamentarios de Vizcarra. Así, puede llegarse incluso al extremo de terminar culpándolos de todo lo ocurrido o por ocurrir obviando la desastrosa gestión precedente de Vizcarra en prácticamente todos los aspectos sectoriales.

Un desplazamiento del conflicto donde se cambia a un Vizcarra (cada vez más complicado a punta de audios, investigaciones y colaboradores eficaces) por un Merino como «piñata» del momento.

En este contexto los «candidatos de Vizcarra» del 2021 tendrían la cancha libre y el apalancamiento mediático para polarizar y avanzar ya sin tener que apuntar incómodamente al vacado exmandatario.

Como anotábamos en este espacio («¿Vizcarra puede garantizar un proceso electoral imparcial?». 16/10/2020. Expreso), una de las preguntas a resolver para los estrategas palaciegos (pre 9N) era evaluar la conveniencia para los potenciales «candidatos de Vizcarra» de que éste continuase en la presidencia durante la campaña electoral. O si era más propicio una vacancia o una renuncia anticipada.

Las interrogantes que fueron planteándose de si el exmandatario «garantizaba un proceso limpio», o los reclamos por ejecutar ya una «vacancia presidencial» no solo surgieron de sus antagonistas como se suele creer. O de sectores ciudadanos realmente preocupados o indignados con lo que acontecía. Los facilitadores pragmáticos (directos e indirectos) del vizcarrismo, bien pudieron estar considerando la pertinencia de amplificar esas preguntas y esos reclamos. ¿En lo que transcurrirá de competencia política por el voto popular, convenía a la coalición un Vizcarra en el poder o fuera de él?

La oportunidad de los («encubiertos») candidatos de Vizcarra (los huevos puestos en distintas canastas) puede agarrar mayor tracción arremetiendo ahora con todo contra Merino y el Congreso, gracias a que al fin se removió al expresidente como epicentro de atención inevitable de los malos humores ciudadanos que se iban acumulando.

Pronto se verá si esta posible apuesta de la coalición rendirá los frutos políticos y electorales estimados.