Antauro: ¿«refundar» o rejoder el Perú?

Gracias a evidentes movidas gobiernistas, Antauro Igor Humala Tasso (59 años) está suelto en plaza y quiere a toda costa «refundar» el país. Ha advertido su postulación a la presidencia mientras intenta relanzar una prédica ideológica y política extremista ─respaldado por una facción de la familia Acuña─ que además posa de «anticorrupción» y «antisistema».

Mucho después de la asonada violenta del 2005, Antauro quiere jugar ahora dentro de la democracia representativa; aquella en la que no cree realmente, pero que le puede dar una ventana táctica ─como sucedió con el otrora golpista Hugo Chávez, con Evo Morales, Daniel Ortega en Nicaragua, los herederos de Sendero Luminoso en 2021 en Perú y hace poco con el exguerrillero Gustavo Petro─ para proyectarse hacia el poder congresal y presidencial. Después de todo, si hasta el limitado Castillo pudo llegar, qué impediría que él también repita la rentable apuesta.

Para el etnocacerista la «gran transformación» y el «polo rojo» que abandonara su hermano Ollanta en 2011 y la «refundación» que Castillo y Cerrón no pueden aún viabilizar ─gracias a la contención de los peruanos advertidos─ son objetivos políticos pendientes, por resolver. Podrá decir que mantiene aparente distancia con los dos últimos, pero es innegable la intensidad y la coincidencia ideológica que los une; aquel factor que los demócratas liberales continúan subestimando como elemento de fondo que dio forma al actual sistema de conflictos peruano.

Hace diez años comentábamos («Con megáfono y sin soroche». M. Lagos, 8/12/2012 Expreso) cómo el antaurismo o «radicalismo reservista» iba difundiendo pacientemente una narrativa potente para el combate político por distritos, provincias y regiones a pesar del encarcelamiento de su mentor. La retórica sacó lustre a las «contradicciones» mientras las arengas fueron absorbidas por mentes juveniles y veteranas en revancha por una «Asamblea Constituyente auténticamente etnopatriótica». De estos esfuerzos se verá mucho más en los próximos meses… y años si es necesario.

Por lo pronto, la intención de ubicar a Antauro como un «verdadero luchador contra la corrupción» dará mucho trabajo a sus marqueteros y asesores políticos. ¿Les resultará la idea de querer fusilar a todos los que llama como «presidelincuentes»? No hay que olvidar cómo los fabricados caudillos «salvadores anticorrupción», intentan instrumentalizar a la población contra un sistema político hipertenso e incapaz de autorregenerarse.

De la lucha de clases a la lucha de razas

Lo cierto es que apartando las tradicionales bufonadas de su cabecilla no subyace a los discursos del antaurismo una verdadera prédica democrática ni de «combate anticorrupción». Mucho menos una prédica «libertaria» como señalan sus auspiciadores. Cero. Solo la ingenuidad o el temerario cálculo político pueden considerarlo de esa forma.

Hay que repetirlo: el antaurismo encarna un peligroso planteamiento que incuba el odio y los conflictos extremos y proviolentos. No se conforma con el factor «clasista» de lucha de clases marxista, además cruza destornillado vía el factor «etnocultural» hacia la lucha de razas. Es letal.

Sazonando e incitando los instintos sociales básicos para la polarización política aparece incluso la homofobia y hasta la xenofobia como arma política y electoral.

No han sido menores los efectos que estas narrativas han tenido dentro de la famosa conflictividad social en los últimos veinte años (a parte de las que se montaron contra el «modelo económico» y la Constitución que lo contiene).

En esencia eso es el etnocacerismo peruano con su mezcla anacrónica de nacionalismo étnico y de una impuesta colectivización absoluta de las decisiones y de los resultados en todos los ámbitos. El totalitarismo y la violencia gradual y «popular». No se trata pues de simple radicalismo, sino de extremismo puro y duro.

De cierta forma los efectos de este tipo de proyectos de poder han afectado a nuestro vecino del sur. «Chile se salvó de caer en una turbia dinámica de desarticulación social e institucional que pudo haber conducido a una confrontación devastadora», ha resaltado con razón el analista político chileno Sergio Muñoz Riveros, a propósito del importante rechazo ciudadano el 4 de setiembre al afán refundacional de la extrema izquierda vía una «nueva» Constitución producto del griterío populista y el vandalismo.

Si en el Perú, a punta de insistencia, prospera ese discurso dosificado además por el compás de la violencia, el país irá de una pretendida y falsa «refundación» constituyente a rejoderse aún más de lo que ya está.

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