Ha muerto el marxista, leninista, maoísta Abimael Guzmán; el fundador del grupo terrorista Sendero Luminoso.

Millones de peruanos que rechazaron y rechazan con firmeza al senderismo y a sus herederos y apologistas, van rindiendo sentidos homenajes a los miles de asesinados por el terror comunista con fines políticos y totalitarios. Es lo que corresponde.

No fue Sendero Luminoso un proyecto a «favor del pueblo» o de la «justicia social». Falso. Lo que impulsó a sus calculadores cabecillas fue la fanática voluntad y la medición estratégica y táctica de iniciar una «lucha armada» para alcanzar el poder político e implantar una dictadura ideológica y delictiva. Era el narcisismo politizado que junto a la sed de poder y sus beneficios particulares lo que los movía de fondo, lo que les daba irracional tracción.

Estos actores calculadores se aprovecharon de los reales actores desposeídos, de las circunstancias del campesinado, los indígenas y los sectores populares (a los que decía «representar» pero que a la vez asesinaba) para impulsar un insano plan de poder que desangró al país.

Hoy muchos, dentro y fuera del territorio, se pronuncian por el evento que ocurre curiosamente un día antes de celebrarse un año más de la captura policial del maoísta «Gonzalo» el 12 de setiembre de 1992. El mandatario de «Perú Libre» (otrora dirigente del Conare-Movadef) en la capital, también hizo lo suyo.

«Falleció el cabecilla terrorista Abimael Guzmán, responsable de la pérdida de incontables vidas de nuestros compatriotas. Nuestra posición de condena al terrorismo es firme e indeclinable. Solo en democracia construiremos un Perú de justicia y desarrollo para nuestro pueblo», escribió Castillo en Twitter.

No obstante, muchos, muchísimos peruanos cuestionan la contradicción del pronunciamiento al tener a su lado a personajes que parecen mostrar a su gobierno mismo intentando obviamente reivindicar la falsa «lucha social» del senderismo primigenio. (Las investigaciones policiales y judicializadas son tan serias que hasta también involucran acusaciones de sus nexos con los remanentes senderistas del VRAEM; un grupo aún en operatividad y con posibilidad de consolidar y ampliar su relación con las redes de terrorismo y narcotráfico internacional).

Tremendo pues lo que el país está presenciando ante la mudez de quienes —vía el cómplice o el ingenuo voto— llevaron al palacio de gobierno a estas innegables fuerzas extremas antidemocráticas y antiliberales; fuerzas que, por cierto, pugnan por acumular cada vez más incontrolados poderes.

Hace poco se vio al premier prosenderista de Castillo y Cerrón pedir el «voto de confianza» parlamentario hablando en quechua y perorando con soberbia ser otro «representante del pueblo».

¿Pueden los prosenderistas y los senderistas «representar» a aquel pueblo que el mismo grupo maoísta asesinó a punta de patadas, cuchillos, machetes, pólvora y dinamita?

Castillo dice ahora marcar distancia y se pronuncia sobre la muerte de Guzmán llamándolo «terrorista», pero parece haberle rendido homenaje previo e indirecto colocando a los reivindicadores del senderismo en el poder Ejecutivo y el Legislativo.

La pregunta se repite: ¿la ciudadanía tolerará, además de los graves problemas sanitarios y económicos vigentes, los atrevimientos que insultan la memoria de los miles de asesinados
—civiles y de las fuerzas de seguridad— por el terrorismo comunista, por la secta marxista y maoísta más salvaje de Sudamérica?

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