«Caviares» pugnan por recuperar poder

Perú tiene tres expresidentes encarcelados. No es poca cosa, para el asombro del mundo. Pero lo que no pocos se van preguntando por todo el país es por qué aún Humala y Vizcarra siguen impunes en medio de serias acusaciones y lentas investigaciones judiciales.

La prisión de Castillo fue inevitable y preventiva. No había otra luego de haber golpeado criminal y autoritariamente el sistema democrático. Lo curioso es que a solo nueve meses de su frustrada acción, poco se dice de su real culpa en la crisis política (incluyendo la degradación a “democracia híbrida” que The Economist realizó sobre el Perú), económica y de seguridad que hoy se vive. Un petardeo planificado y constante sobre todo al sistema de crecimiento privado y una incitada violencia politizada que continúa incubándose. Hoy, sin embargo, la “culpa” se centra en la etiquetada “coalición autoritaria” de Ejecutivo y Legislativo (no exentos por cierto de responsabilidad con pocas excepciones) como si el factor Castillo y asociados de la extrema izquierda y sus apañadores “centristas” no tuviesen un rol nuclear y de consecuencias por obra del desgobierno, la polarización y la putrefacción precedente.

La historia de la “policrisis” que hoy se desenvuelve no arranca luego del golpe del 7 de diciembre del año pasado. Quienes pretenden instalar ese relato pugnan por reacomodar una línea divisoria (y un “nuevo” juego político) en la que por un lado está la “derechista” Boluarte “controlada” por la “dictadura congresal” del fujimorismo (como si en el Parlamento no existiesen otros grupos políticos: acuñistas, podemistas, cerrones, acciopopulistas, bermejos, bellidos, morados, sigrids…), y, por otro lado, una “oposición” caviar en las calles y en las redes sociales como los verdaderos defensores de la institucionalidad democrática.

Así, como por arte de magia y de propaganda mediática el viejo e irresoluto conflicto de fujimorismo y antifujimorismo (después, cuando arranque la campaña electoral se añadirá al antiaprismo) vuelve a intentar conseguir conveniente tracción. Casi casi pareciera que desde que gobernó Fujimori (específicamente desde que se defenestró a tres miembros del TC en 1997 y a propósito del actual asunto de la JNJ) no han habido más gobiernos en estos últimos 23 años.

¿Les resultará otra vez la evidente estratagema política y narrativa? Para ello se impone una condición ineludible: minimizar el rol de la coalición humalo-vizcarrista que movió por años los hilos gubernamentales a todo gusto e impunidad y que llegó a abonar al triunfo del prosenderista Castillo en 2021 disfrazado de “mal menor”.

Así pues, mientras invisibilizan a los impunes Humala y Vizcarra (y la culpa de Castillo y sus asociados internos y externos), los denominados sectores “caviares” y sus facilitadores andan afanosos en relanzar el antifujimorismo para recuperar espacios de poder.

Veremos en adelante si estos obvios disfuerzos calculados y preelectoralistas del antifujimorismo “caviar” (ya una categoría política inevitable para el análisis coyuntural) por reacomodar la pauta de poder nacional funcionan. O incluso, si terminan favoreciendo la victimización paralela de Castillo y la exigencia de una asamblea constituyente que “refunde” caprichosamente al país (como se sigue intentando en suelo chileno vía la violencia política dosificada).

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