Desde su masificación, las tecnologías comunicacionales «en línea» (online) han sido aprovechadas tanto por grupos radicales como por extremistas violentos y terroristas alrededor del mundo.

En los últimos años los estudiosos extranjeros de la violencia política –en todas sus formas, el terrorismo es una de ellas– han descrito y medido significativamente cómo estas herramientas digitales impulsan con efectividad las comunicaciones estratégicas de estos grupos con el fin de propagar tanto sus acciones de terror político como sus contenidos ideológicos. El resultado: empujar los contextos políticos de «radicalizantes» a «extremistas» vía una «conflictividad social» que abre puertas a potenciales simpatizantes y reclutas.

En el Perú, y por años, operadores nuevos o reciclados del (ex) MRTA como de Sendero Luminoso y sus órganos de fachada han usufructuado de las redes vía Internet para ampliar su audiencia casi sin ningún tipo de contención eficaz y planificada, a nivel político, y por los mismos canales. Si bien fueron neutralizados en el pasado por acciones ejecutadas desde la sociedad civil (comités y rondas campesinas de autodefensa, etc.), policiales, militares y de aplicación de la ley, se han ido recomponiendo ideopolíticamente y sus tácticas de difusión siguen renovadas, tensionando y radicalizando los entornos ante un sistema político democrático, partidario y estatal de reacciones precarias (sobre todo con los grandes problemas no resueltos de la población en costas, sierras y selvas).

Este uso de los medios digitales y virtuales –que complementan la propaganda «fuera de línea»– no solo beneficia al cibersenderismo propagandístico (vía el Movadef y otros «organismos generados») que se han reciclado en el país, sino además a los llamados narcoterroristas o remanentes de Sendero en los abruptos territorios del VRAEM (donde han asesinado desde 1999 y hasta la fecha a más de 164 efectivos de las fuerzas de seguridad peruanos), o Partido Militarizado Comunista del Perú (MPCP) como se autodeclaran. Dicho beneficio también alcanza a sus diversos asociados en otros puntos del país: redes de reclutamiento motivados tanto política (terrorismo) como económicamente (narcotráfico y otras actividades ilícitas).

Hace ya cuatro años en este espacio hacíamos algunas aproximaciones (Sendero digital y la propaganda «en línea». 26/10/17. Expreso) a los riesgos latentes y la expansión de las narrativas extremas a través de las redes sociales. Hoy el prosenderismo ha puesto ya un pie en el Ejecutivo y otro en el Legislativo influyendo en la pauta de poder político nacional.

Cierto es que las acciones terroristas tradicionales han cesado (a excepción del VRAEM donde se atenta contra peruanos civiles y uniformados); sin embargo el extremismo en plena lucha política creciente por participar tácticamente de la política vía el voto electoral y vía las amenazas de violencia constituyen un juego doble que continúa nutriendo su estratégico «proceso revolucionario» de fondo.

La tenaz operatividad del neosenderismo y del neoemerretismo digital –que han alineado objetivos, cabe resaltar, para introducirse en la política partidarizada y legal con el fin de socavar lentamente la democracia liberal y «refundarla» desde sus cimientos– logra seguir atrayendo a los jóvenes inadvertidos; éstos asumen que Sendero Luminoso y el MRTA y sus liderazgos no formaron organizaciones terroristas activas y sanguinarias, sino «partidos políticos» compuestos por «luchadores sociales» cuando estaban sueltos en plaza, o de «prisioneros políticos» cuando eran encarcelados. Todo un mensaje insultante, que se propagandiza dentro y fuera del país agudizando la polarización, para las miles de víctimas civiles, militares y policiales del terrorismo en el Perú.

Hay que repetirlo: la labor contranarrativa que la democracia liberal debe dar entre las nuevas generaciones para ayudar a revertir este expansivo y falso relato del comunismo maoísta (SL) y guevarista (MRTA) en proceso de infiltración en el sistema de partidos y en el debate ideopolítico debe ser asumido con mucha mayor dedicación.

*Miguel Lagos es analista político. 

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