El excandidato presidencial Hernando de Soto continúa evitando pronunciarse claramente sobre a quién apoyará y pedirá votar en ruta a la segunda vuelta electoral. Si a Pedro Castillo —con el que va mostrando cierto «optimismo» por su aparente «moderación»— o a Keiko Fujimori.

Ha señalado que intentará que ambos competidores «se moderen» para así optar definitivamente. Se tomará su tiempo para «escoger» dice (en contraste con sus electos parlamentarios Adriana Tudela y Alejandro Cavero que han optado ya por la rival del castillismo). Y además se ofrece a «crear puentes» para «evitar» un descalabro supremo en caso lapicitos o naranjas lleguen al poder sin compromisos prodemocráticos y pro economía de mercado. ¿Podrá lograrlo?

Muchos empiezan a ver en esta postura no solo una medianía muy cómoda en medio de tanta incertidumbre y tensión, sino una ingenuidad política sorprendente. Más aún luego de que su candidatura fuera infiltrada por Paredes Terry; un operador (apuntalado con candidez por el mismo De Soto) del izquierdismo extremo y antiliberal que acaba de abandonar de mala manera el barco que postuló al economista peruano.

¿Qué mueve —con llamativa lentitud— al hasta hace poco candidato presidencial de «Avanza País»? ¿Una preocupación legítima por intentar «centrar» política y económicamente al extremismo que incluso contiene agazapados desafios violentos de llegar al poder? ¿O su distanciamiento con una Keiko Fujimori que le fue algo arisca durante la primera vuelta electoral?

Quizá, en medio de las especulaciones muy propias cuando se trata de entender el impredecible comportamiento político del ser humano, la respuesta podría también estar en el conocido «antivargasllosismo» que sobrevive en De Soto. Y viceversa.

Como es público, luego de muchos años en que encarnó el visceral rechazo al fujimorismo tradicional, Mario Vargas Llosa ha dado un vuelco que dejó tuluratos a muchos, apoyando a Keiko. ¿A Hernando de Soto puede estar pesándole este factor que lo resiste ahora a respaldar (como lo hizo en 2011 y 2016 con suma normalidad) a la lideresa de Fuerza Popular?

¿Puede la animosidad irrevocable entre el economista y el escritor impactar e influir en el resultado presidencial del 6 de junio? Una pulsión no menor por cierto; sobre todo cuando antes influyó de una u otra manera en el proceso político peruano (como cuando se le puso el «polo blanco» a un Humala que pudo llegar así a Palacio de Gobierno vía una impuesta «hoja de ruta»).Después de todo, el millón seiscientos mil votos obtenidos por el autor de «El otro Sendero» este 2021 no son poca cosa.

Lo que se ve en este primer pronunciamiento luego del 11 de abril es a un De Soto jugando con imprudente paciencia al «centro» ideológico. Y como es usual en el Perú, ese «centrismo» ha sido funcional casi siempre a la izquierda.

Más preguntas surgen. ¿Terminará el famoso económista apalancando presidencialmente al marxista, leninista, mariateguista (y «potencial centrista») Castillo y a sus chavistas controladores asociados como Cerrón?

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