Luego de años de odios que marcaron la vida política peruana, Keiko Fujimori habló con Mario Vargas Llosa para agradecerle su apoyo en la próxima segunda vuelta electoral contra el prosenderista y prochavista candidato presidencial Pedro Castillo.

«Con autorización de Mario Vargas Llosa, que ha pedido el voto por Keiko Fujimori en la 2nda vuelta, hago público que la candidata se ha comunicado con él. Tras agradecerle el respaldo, le ha expresado su total acuerdo con las garantías democráticas que le pide en su artículo», confirmó Álvaro Vargas Llosa –vía su cuenta de Twitter–, hijo del escritor peruano.

La comunicación se da luego que MVLlosa escribiera un artículo («Asomándose al abismo». 17/4/2021, Diario Crónica. México), advirtiendo a los peruanos sobre el enorme peligro para la democracia que significa el triunfo presidencial del proyecto de características dictatoriales de Pedro Castillo.

Como es sabido no solo los abanderados del castillismo (como Vladimir Cerrón) han perorado sus amenazas contra una serie de libertades civiles y políticas, sino que además llevan consigo un «plan de gobierno» que exuda el fin de lo poco de libertades económicas que a duras penas sobreviven en el país.

«He combatido al fujimorismo de manera sistemática, como lo he hecho con todas las dictaduras de izquierda o de derecha, creo que en las elecciones que se vienen –las de la segunda vuelta–, los peruanos deben votar por Keiko Fujimori, pues representa el mal menor y hay, con ella en el poder, más posibilidades de salvar nuestra democracia, en tanto que con Pedro Castillo no veo ninguna», resaltó el novelista peruano.

¿Beneficiará electoral y políticamente este apoyo vargasllosista a Keiko? Con este espaldarazo, y como ya se está viendo en las espartanas redes sociales, es muy posible que ciertos sectores, otrora resistentes con el fujimorismo primigenio, se vuelquen en apoyarla precisamente por la idea de encarnar el «mal menor». Por supuesto, solo la acción política, de ser electa, confirmará si se equivocaron o no; pero es posible que la lideresa de Fuerza Popular afirme una ruta de respeto a las reglas democráticas y entregue el poder a los cinco años de cumplido un posible mandato.

Sería además una oportunidad única, irrepetible, de reparar las fracturas que este sector político tiene con la ciudadanía y con las libertades que fueron agredidas durante el fujimorato pre-2000.

Una suerte de balanza pues empiezan a poner los peruanos para sopesar los riesgos que, de uno u otro lado, hoy se están enfrentando en vía a las urnas antes del 28 de julio.

Por otro lado, no pocos ven cómo la democracia, el Estado de derecho, la libertad de expresión, de prensa… en fin, una serie de instituciones esenciales para el funcionamiento de un sistema político libre y abierto se ponen en jaque con el posible éxito del partido de ultraizquierda «Perú Libre». Una organización de innegables nexos con el senderismo y otros extremismos violentos agazapados en el ámbito interno. Y aun más: con el  castrochavismo dictatorial en el frente externo (incluyendo el proyecto de poder que ha relanzado Evo Morales en Bolivia).

Si el factor «riesgo» que se aplica a Keiko puede circunscribirse al ámbito nacional, las amenazas de Castiilo y asociados suponen un alcance que traspasa fronteras y se convierte en un problema imposible de revertir de llegar a la presidencia. Sus vínculos con la extrema izquierda continental son obvios.

Y ahí están los veinte años del chavismo y los sesenta años del castrismo engrampados e inamovibles del poder pese a las protestas, las «marchas» y la sangre de toda la gente que se atrevió a enfrentarlos. Cuidado Perú.

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