Hoy 5 de abril se conmemoran 29 años de la afrenta que provocó Alberto Fujimori quien, con el apoyo de la cúpula militar, arrasó la constitucionalidad, disolviendo el Congreso de la República, interviniendo el Poder Judicial, el Ministerio Público, el Tribunal Constitucional y la Contraloría General.

Con el golpe cívico-militar se autodenominaron Gobierno de Emergencia y Reconstrucción Nacional, el cual convocó a una Asamblea Constituyente, llamado Congreso Constituyente Democrático (CCD), unicameral, presidido Jaime Yoshiyama Tanaka, en donde se elaboró la nueva Constitución Política -para perpetuarse en el poder- sometida a un referéndum amañado y que fue promulgada el 31 de octubre de 1993.

Ello significó el quiebre del sistema democrático que regía en el Perú desde que el arquitecto Fernando Belaunde Terry asumiera los destinos del Perú el 28 de julio de 1980; y marcó el carácter inconstitucional y autoritario del régimen de Fujimori. El golpe fue aprobado por el 80 % de la población según las encuestas, que admitieron la acción del “japonés” el cual como consecuencia de esta audacia volvía a repuntar en su popularidad.

Hasta antes de alcanzar la presidencia Fujimori, la derecha estaba agrupada en el Frente Democrático (Fredemo) que incluía a Acción Popular (AP), al Partido Popular Cristiano (PPC) y al grupo Socialismo y Democracia (Sode). Mario Vargas Llosa, líder del Fredemo, centró su campaña en anunciar políticas de “shock” económico; la Izquierda Unida (IU) con Alfonso Barrantes Lingán quien ocupaba el primer lugar en las encuestas medio año antes de las elecciones se dividió y el APRA tuvo que enfrentar el desgaste de su desastroso gobierno.

En ese escenario apareció Fujimori, un ex-rector de la Universidad Nacional Agraria de La Molina; el cual se logró codear con pastores evangélicos que le hicieron una campaña proselitista puerta por puerta. A dos meses de las elecciones el “tsunami” Fujimori comenzó “in-crescendo” hasta lograr un segundo lugar con un 29.1%, el APRA alcanzó 22.5%, la Izquierda Unida 8.2% y Alfonso Barrantes 4.7%. Con esa votación pasó a la segunda vuelta el “japonés” junto con Vargas Llosa que consiguió el 32.6%.

El grupo parlamentario oficialista Cambio 90 no tenía mayoría en las Cámaras de Diputados y Senadores, por lo que se vio obligado a negociar alianzas. El sistema de los partidos políticos enfrentaban una seria crisis. Empieza así desde el Gobierno una campaña de desprestigio contra los partidos tradicionales y el régimen político definido por la Constitución Política de 1979, sindicándolos como responsables del deterioro y la violencia política. Fujimori firmó más de un centenar de decretos legislativos que iban mucho más allá de las facultades otorgadas por el Parlamento Nacional.

El Poder Legislativo los derogó y esto provocó la irritación de Fujimori. En CADE de 1991 insinuó “Que si el Perú no requería un emperador o un gobierno de diez años que pusiera en orden las cosas”, clarinada de alerta que no fue tomada en cuenta. Días después refiriéndose a los diputados y senadores los trató de “lavadores de dinero” lo que casi origina su destitución, por parte de los parlamentarios irritados con semejante improperio. La Cámara de Diputados era presidida por Roberto Ramírez del Villar y el Senado por Felipe Osterling Parodi, personajes que enaltecieron el Parlamento Nacional y de allí para adelante vino el declive del prestigio del Congreso y demás individuos que han denigrado el Poder Legislativo a lo largo de estos últimos años.

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