El partido fundado por Fernando Belaunde Terry (FBT) ha sido esencial en el actual proceso de “estabilización” inicial del oficialismo de Cerrón y Castillo.

Con los votos congresales de Acción Popular (AP) —junto a la de los apepistas de César Acuña y los podemitas de José Luna— el Gabinete Bellido logró el voto de confianza que buscaba por, sobre todo, una bien calculada legitimación política de personajes en cargos estatales claves, pero seriamente cuestionados por las denuncias de sus nexos con Sendero Luminoso y otros extremismos políticos y delictivos. (Como es público existen hasta señalamientos a actores gobiernistas relacionados con los narcosenderistas que operan en el VRAEM).

Esta postura —percibida cada vez más como complicidad que como ingenuidad— hoy trata de ser etiquetada como “centrista” y/o “moderada”; una pose que se intenta etiquetar distante de la “derecha radical” que se muestra abiertamente opositora al régimen.
¿Representa el acciopopulismo un “centro político” que actúa sin subestimar, que obra con seria cautela ante los desafíos autoritarios que amenazan al país?

Su rol en la coyuntura demuestra que en todo caso acciona como un falso “centro” facilitador del extremismo prosenderista y hasta prochavista que ha llegado a controlar el Ejecutivo y hacer eco de poder en el Legislativo. Con su aval, hasta el momento, han sido altamente funcionales a los planes de consolidación de estas fuerzas internas y externas asociadas del izquierdismo peruano y continental.

La funcionalidad de los correligionarios de AP llega al colmo cuando se recuerda que “en junio de 1980 el ahora ministro Iber Maraví (beneficiado también con la “confianza” en el Parlamento el 26 de agosto) fue uno de los atacantes que participó en la quema del local de Acción Popular en Ayacucho, según el testimonio del terrorista de Sendero Luminoso Víctor Olegario Reyes Cconislla” (1/9/2021, Perú 21).

No son pocos los que en distintas partes del país están pasmados ante esta funcionalidad del otrora “partido de derecha” de Belaunde Terry (en los ochenta eran catalogados de esa forma en el espectro político llegando incluso a formar parte del FREDEMO junto al Movimiento Libertad de Vargas Llosa y el PPC de Bedoya Reyes) a favor de la izquierda ideológica extrema. Sus derivadas pugnas internas de poder no han sido menores y explican de cierta forma la pérdida de brújula partidaria.

Habitan pues incompatibles liderazgos acciopopulistas en competencia en torno a un “sancochado ideológico” (con evidente dominio proestatista y marxistoide) que ha ido deformando la herencia política del expresidente FBT.

En ese escenario interno que se proyecta hacia la opinión pública, personajes claramente con objetivos y narrativas de izquierda —política y económica— como Yonhy Lescano o Mesías Guevara han sido gravitantes.

No sorprende. Los operadores del ala izquierdista en AP no han tenido remilgos en actuar paralelos a los afanes socialistas sobre todo desde el año 2011. En distintas coyunturas y tensiones se mostraban aliados a los diversos “rimarachines” del nacionalismo parlamentario, llegando a sentenciar que el crecimiento económico y la reducción de la pobreza en el país eran un “mero cuento”. Su sincronización con las retóricas y las estrategias marxistas que han dado forma en gran parte al actual sistema de conflictos peruano ha sido evidente.

Aquellos sectores correligionarios que andan preocupados por estas mutaciones deberían recordar lo que FBT advertía en su tiempo: “A los muchachos marxistas hay que darles un castigo, ¡hay que hacerlos leer los dos tomos de El Capital de Marx!”.

Han pasado varios años y el aparente “centrismo moderado” de Acción Popular está siendo un abierto facilitador de la extrema izquierda prosenderista en el poder y de sus instintos antidemocráticos y antiliberales (en lo social, lo político y lo económico) cada vez más crecientes.

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