La proyección del nuevo gabinete Cateriano no solo se define por el tiempo que le queda al vizcarrismo en el poder, sino por lo que pueda venir en las elecciones del 2021.

De su desempeño positivo o negativo dependerá muchísimo evitar que un populista de extrema izquierda o de extrema derecha termine empoderándose. O, en todo caso, otro aparente y nebuloso «centrista» [que como es sabido en Perú tienden a inclinarse hacia la izquierda] que ahonde la mediocridad o continúe construyendo sobre el fango.

Sea como que fuere, las consideraciones ideológicas y políticas en pugna tienen que ponderarse de forma adecuada y no obviarse como ha ocurrido tras los afanes meramente técnicos o tecnocráticos; estos probadamente insuficientes para administrar el sistema de conflictos peruano.

Vizcarra y sus asesores de choque de la comunicación política han dado un giro de impacto más que en lo político, en lo económico. ¿Acelerarán el paso para distanciarse de las tendencias impregnadas por los operadores ministeriales del sector ideológico de izquierda que caracterizó al precedente gabinete Zevallos? La postura política puede seguir confrontando para polarizar [Cateriano ha sido funcional en esos escenarios] con respecto a los tradicionales oponentes, pero es la reactivación de la economía [donde el rol del vilipendiado sector privado es importantísimo] lo que determinará el espacio real de ese distanciamiento.

Por lo pronto el otrora expremier de los Heredia-Humala ha saludado cordialmente el pronunciamiento de una antigua antagonista. «Esta grave emergencia nos obliga a sumar esfuerzos, salvando las marcadas diferencias políticas existentes», respondía el primer ministro a la lideresa del keikismo quien se pronunció en un no menos sorprendente tuit: «Era urgente que hubiera cambios. Este nuevo gabinete es una oportunidad para corregir errores. No es momento de detenernos en diferencias políticas. Esperamos que este nuevo equipo tenga éxito, porque de su gestión depende la vida y la economía de todos los peruanos», escribió Keiko Fujimori.

Hay que considerar que —en los dos últimos años— no solo desde el Ejecurivo se ha apostado por un populismo casi incesante, también desde el Legislativo en una suerte de lo que se ha llamado «competencia populista entre poderes» [dentro de un conflicto mayor entre poderes como anotábamos en este mismo espacio]. Los efectos de esa competencia, si no se apuesta por la moderación, pueden ser crecientemente negativos para el país.

El frente sensible en la coyuntura está obviamente en abordar con menores desaciertos la crisis sanitaria por el coronavirus. El apuntalamiento de Pilar Mazzetti es una expectante noticia en un contexto donde la primera ola de contagios ni siquiera ha terminado en el Perú. El estatal sector Salud tiene enormes correcciones que efectuar.

Pero, sin duda, el reto crucial, fundamental está en el complicado ámbito económico.

«Hay un objetivo central: el relanzamiento económico del país», ha recalcado Cateriano. Así, el premier pretende ser un puente con el sector privado; aquel al que el mandatario prácticamente ignoró en su rol secundado por los operadores políticos y proestatizantes del «centrista» gabinete Zeballos. No hay que olvidar la actuación que tuvo el presidente en el entrampado proyecto Tía María.

La situación económica es casi catastrófica. Mientras el PBI cayó 32.8% en mayo, tan solo en Lima Metropolitana la población ocupada disminuyó en 55.1% [casi 2 millones 700 mil personas] durante abril, mayo y junio, en comparación al mismo trimestre del 2019 [INEI].

El problema es serio. Para Hernando de Soto «morirá más gente por la crisis económica que por el coronavirus» [2/7/2020 Gestión]. De Soto también ha llamado la atención sobre un tema vital para contrarrestar esta amenaza: «Destrabar la minería liberaría 70 veces más recursos que el programa estatal ‘Arranca Perú'» [16/6/2020 Gestión].

En esa vía el nuevo titular de Energía y Minas tiene ardua labor. Se trata además de una cartera que lidiará con tensiones sociales y políticas de alta presión y hasta potencialmente violentas. En este frente un adecuado análisis de los conflictos para la acción política se impone. Es decir: lo técnico es importante pero lo político no es menor como suele verse desde este sector y que explica gran parte de su déficit de resultados.

La presencia de Rafael Belaunde Llosa [nieto del expresidente Fernando Belaunde Terry, FBT] puede dar signos de que este asunto no será descuidado.

En el pasado el nombrado ministro no le ha hecho ascos a la dinámica política. Llegó a ser candidato al Congreso por el FIM el año 2001 [junto a Patricia Donayre, hoy también ministra y quien pudo lograr una curul de la mano de Keiko Fujimori en 2016]. En 2003 y 2004 logró bloquear con apoyo de importantes dirigentes populares capitalinos desplegados en las calles el intento del aprismo congresal por desactivar la Comisión de Formalización de la Propiedad Informal [COFOPRI] del cual era funcionario. Después sentó las bases nacionales para la conformación del partido político «Adelante» con el liderazgo de su padre Rafael Belaunde Aubry, hijo de FBT.

Un detalle no menor: la aparición de Belaunde Llosa puede reconectar y modernizar la herencia política del expresidente FBT ante un electorado simpatizante con Acción Popular pero disconforme con ciertas dirigencias «belaundistas» que han venido distorsionando o inclinando hacia la izquierda política e ideológica el legado y el partido fundado por FBT. Los lescanos y guevaras no tuvieron reparos en codearse incluso con los rimarachines nacionalistas del Congreso durante la era humalista 2011-2016. Ese tipo de coqueteos con la intolerante izquierda —sobre todo en las regiones— continúa.

Como se ha indicado repetidas veces: los contornos políticos e ideológicos de los conflictos en marcha y por venir no deben ser subestimados. La acción de «tecnopols» advertidos sobre ello marcará la diferencia con el pasado y el presente de una política hipertrofiada y sin cautela y una economía que se ralentiza y se desvanece.

En suma, del desempeño del equipo de Cateriano se verá si se encauza en la recuperación real al país o indirectamente se termina catapultando, a punta de torpezas, a las fuerzas antisistémicas que están apostando por los votos como ventana táctica para «refundar socialistamente» al país a partir del 2021.