El cambio de premier y la ratificación —a regañadientes— del presidente del BCR apuntaron a un fin coyuntural pero inevitable e imperativo: la sobrevivencia, a toda costa, del prosenderista y prochavista Castillo.

De paso, se pretendió instalar un absurdo político: la idea de que el «anticerronismo» no obra en las oposiciones reales al régimen, sino que está dentro del mismo oficialismo. Es el aparente y risible «Castillo versus Cerrón-Bellido».

Estos tácticos movimientos paralelos (disfrazados de «centristas» y hasta ridículamente etiquetados de «derechistas») tanto en la dinámica política (Mirtha Vásquez) como en la económica (Julio Velarde), parecen reducir tensión, pero solo en apariencia. Es el espejismo de una «estabilización» calculada que contrarresta con urgencia y de momento, las crecientes incomodidades ciudadanas y el fortalecimiento de las oposiciones reales (que se iban peligrosamente aglutinando entorno a la vacancia presidencial).

No obstante lo anterior, los factores de conflicto yacen intactos de fondo y siguen dando soporte al plan irrevocable de «refundar» al país; inclusive a la mala, vía el uso de la conflictividad social y violenta desde las regiones a favor de crear el «momento constituyente» para el cambio constitucional.

A grandes líneas, el gobiernismo entonces ha dado varios pasos coyunturales que entrelazan los objetivos en el frente interno como en el externo. Es la etapa de tratar de consolidar el realineamiento de Perú con el bloque izquierdista transnacional.

Dentro de las fronteras coloca a Mirtha Vásquez como premier. Una excongresista no solo de las canteras antimineras de la izquierda frenteamplista sino también miembro del Grupo de Puebla; un espacio «progresista» de articulación política y alcance iberoamericano fundado por personajes como Lula Da Silva, Rafael Correa, Evo Morales y otros más que giran alrededor del operante castrochavismo regional.

La retórica de última hora de Vásquez ha señalado «que no es prioridad en este momento» el cambio de Constitución. Pero puede serlo en cualquier otro según dicten las condiciones estimuladas entre la población por el mismo partido que llevó a Castillo a la presidencia.

En el terreno externo los avances son claves en la «nueva etapa» oficialista. El mismo Castilllo dio el primer paso reuniéndose con Maduro y evitando distanciarse de las dictaduras que le son afines.

Por otro lado, la presencia y el influjo de Evo Morales ya es parte del escenario político; uno de alta gama de peligrosidad considerando los anuncios que se están dando con respecto a la hoja de coca y su «industrialización», uno de los caballitos de batalla del congresista Guillermo Bermejo. Como es sabido este asunto ayudó a empoderar a ciertos sectores cocaleros en Bolivia anexados al narcotráfico y que son parte no menor del sistema criminal con poder político con epicentro en Caracas.

El también prochavista Morales —al que solo le falta ser nombrado «ministro» por Castillo— es un bróker político al que el mandatario peruano imita hasta en su forma de vestir. Es casi un hecho que la presencia de Mirtha Vásquez (muy vinculada al Grupo de Puebla como Aída García Naranjo voceada como futura canciller) será altamente funcional a sus operaciones políticas sin importar fronteras. ¿Contendrá el canciller Maúrtua los potenciales avances coordinados?

Asesorado milimétricamente, Castillo habla de una «nueva etapa». Y en efecto: es la de las apariencias «democráticas» y del temporal «pragmatismo (macro) económico» (el precio del dólar como elemento de desestabilización social y política debe haberle quitado el sueño a los asesores palaciegos).

Mientras esta ambigüedad brilla, el crucial proceso de control e infiltración de ciertos sectores o individualidades detectables (a los que Castillo ahora se dirige de forma sospechosamente salamera en cuanto evento castrense se presenta) en las instituciones armadas, policiales y de Inteligencia no se detiene. Es el capítulo primero del manual autoritario y de poder que Chávez y hasta el «moderado» Evo (inserte risas) aplicaron con agilidad inicial.

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