Martín Vizcarra puede haber provocado en su último mensaje el efecto contrario a su pedido a la población de no caer en pánico a raíz de la confirmación del primer caso de Covid-19 [coronavirus] en Perú.

Como no pocos han advertido, que el mandatario haya dado la ‘exclusiva’ más bien podría repotenciar la alarma. Quizá lo prudente estaba en que sea la titular de Salud la que dé la noticia. El tema del Covid-19 ya estuvo por cierto generando iniciales temores en la gente con las compras masivas de mascarillas. Los casos de dengue, mucho más crítico hoy, se suman a los temores ciudadanos.

¿Por qué el Presidente toma protagonismo o anuncia él mismo la llegada del coronavirus? Un detalle que no se ha dado con mandatarios de otros países de la región que han confirmado también -vía sus respectivas instituciones de salud- la presencia de la enfermedad dentro de sus fronteras.

Ese protagonismo innecesario ocurrió también a mediados del 2019 cuando en persona expulsó en el aeropuerto a ‘venezolanos con antecedentes criminales’, cayendo en posturas de directo populismo y de indirecta xenofobia.

Bien sabido es ya la adicción del vizcarrismo por mantener o impedir a toda costa la caída de su popularidad vía encuestas. Este afán incesante ha llevado a que sus estrategias de comunicación privilegien el ‘moldeo de percepciones’ [que es en el fondo la forma en la que ‘hacen política’ cotidianamente magnificado por los medios prooficialistas] por sobre los resultados tangibles de gestión ejecutiva, de gobierno. ¿Cuántos hospitales se han entregado por ejemplo desde el 2016 en que arrancó el mandato de PPK y su otrora vicepresidente? ¿Cuántos en la era de Vizcarra ya como gobernante?

Según informes algunos hospitales tienen hasta diez años de retraso en las obras. Enormes recursos acumulados existen disponibles, gracias al vilipendiado y hoy ralentizado crecimiento económico, para actuar y no caer en el adormecimiento y la mediocridad gubernamental.

Cierto es que políticamente el Covid-19 puede ser útil como una suerte de ‘cortinavirus’ para distraer a la opinión pública sobre los asuntos que ya van comprometiendo la credibilidad del oficialismo y sus aliados de la coalición vizcarrista en su selectiva ‘lucha anticorrupción’; pero es posible que su efecto se incline más en otra dirección inadecuada para los estimados políticos palaciegos.

Nada puede amenazar pues hoy más la popularidad presidencial que un coronavirus haciendo estragos en suelo peruano y mostrando una vez más las limitaciones y falencias de los desatendidos sistemas de salud públicos a nivel nacional. Tal como ocurre con la infraestructura y los sistemas de educación y seguridad ciudadana; otros aspectos prioritarios por los que la población ha mostrado gran incomodidad y desaprobación al no ver resultados efectivos para enfrentarlos.

Los estrategas comunicacionales y políticos del régimen deben tratar de reorientar la atención y la acción gubernamental actual.

Centrarse más en comunicar resultados concretos que en solo administrar ‘percepciones’ para sostener la adictiva ‘popularidad’ que favoreció al juego de poder y de conflictos pro Vizcarra desde que asumió la presidencia hace dos años.

Analista político  Miguel Lagos