El show como «conflicto»

Mientras el país se va descarrilando por la ruta del desorden político y social diseñado, el desgobierno distrae. A la par, no hay dirección clara gubernativa, ejecutiva, ya que de haberla tendrían que afirmar «el modelo» que busca ralentizar para después derruir. No es casualidad que las marchas de las portátiles en Lima y en regiones sigan alzando los carteles de una «nueva Constitución». Ese es el objetivo nuclear que, lamentablemente para sus planes, aún no pueden instalar en la mayoría de peruanos.

Mientras estos disfuerzos se despliegan tienen que intentar sobrevivir, quedarse en Palacio de Gobierno. Y administran las tensiones distrayendo lo más que puedan cuando éstas le son adversas. Esa película la población ya la vio de cierta forma no hace mucho.

Debe recordarse cómo los asesores de Martín Vizcarra convirtieron cada coyuntura en un show político como marco de las confrontaciones estimuladas —para el «moldeo de percepciones»— con las que interactuó con un Congreso que le era arisco. El primer round lo ganó «fáctica» y policialmente el 30 de setiembre del 2019 con el golpe gris que disolvió el Legislativo. En el segundo round el vizcarrismo terminó vacado y perdiendo en 2020.

No obstante, durante todo el tiempo el pecheo incesante de Vizcarra contra el Parlamento etiquetado como «obstruccionista» lo hizo popular, gracias además a una prensa activista que lo apañó sin rubor. Con la elaborada cantaleta confrontacional Vizcarra logró distraer a la ciudadanía de su falta de gestión y de resultados. Le era vital mantener irresuelto el conflicto mayor, dominante entre el Ejecutivo y el Legislativo.

Añadiendo el ingrediente de una asamblea constituyente hoy el régimen de Castillo y Cerrón apuesta más o menos a la misma fórmula: convertir cada conflicto en un show mediático que camufle su absoluta falta de gobierno y de operatividad ejecutiva. Y sobre todo, la putrefacción corruptora —y el plan autoritario— de la que la opinión pública va tomando nota cada día. ¿Hasta cuándo le servirá este método elemental de «hacer política»?

Los peruanos están ante fuegos artificiales como distractores cotidianos (por ejemplo, hasta las recientes ofensas por parte del premier hacia una periodista son cubiertas por cortinas de humo de última hora). Si el régimen está ante un nuevo escándalo ipso facto parece activar psicosiales que enganchen a los medios y alteren la percepción ciudadana. Hasta que el «mandatario» lance su cuenta de Tik Tok sirve para sazonar este básico proceder.

¿Cómo así las reales oposiciones políticas no detectan las limitaciones de esta «dinámica de choque» para elaborar una efectiva y coordinada (entre todos los sectores antagonistas al desgobierno) comunicación estratégica como respuesta política?

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