¿Existe el «cerronismo»?

«El cerronismo colocó a 11 altos funcionarios en el Ministerio de Energía y Minas. De estos, ocho son militantes del partido de Vladimir Cerrón. El resto trabajó en el Gobierno Regional de Junín», dice una nota de El Comercio (18/5/2022).

El uso del término «cerronismo» entre ciertos sectores del periodismo ─y del establishment politológico «caviar»─ está creando la ilusión de que Castillo soporta pulsiones internas incluso ideológicas que buscan controlarlo y que solo es cuestión de tiempo para que al fin «deslinde», se «libere» del lado oscuro y extremista de Perú Libre que lo arrastra contra su voluntad «centrista» y de «moderación». Esto es inexacto y termina favoreciendo sus planes de victimización y sobrevivencia política.

No ha sido el exgobernador de Junín por sí solo el que procede presionando e infiltrando instituciones. Ha sido la misma bicefalía coordinada y presidencial Castillo-Cerrón. No es que Castillo «cede terreno» ante el «cerronismo»; él mismo decide cogobernar con su interdependiente porque ambos son uno solo: por ideología, poder, complicidad, supervivencia e impunidad.

Aquí obra pues una relación de interdependencia, un matrimonio de conveniencia irreversible que se gestó sobre la base de profundas coincidencias ideológicas; que luego se nutrió de un proyecto político común y, un detalle no menor que suelda la honda relación: se saben mucho entre ellos. Si uno cae, cae el otro. Complicidad pura.

Obvio es, por supuesto, que como en toda organización pueden haber facciones, alas o bandos; en este caso cerronistas, castillistas y hasta los pro-Bellido y pro-Bermejo que por momentos friccionan internamente. Pero no significan potenciales divisiones de fondo. El «hecho» mismo que la bancada congresal perulibrista se parta no implica que romperán sus objetivos nucleares en temas políticos, sociales y económicos. Votarán juntos en las pugnas políticas e ideológicas parlamentarias.

Se está entonces ante fracturas aparentes. Tácticas. La estrategia sigue siendo la misma: impulsar incluso vía desafíos violentos (o planes «B») un proceso revolucionario autoritario ─dentro de la «democracia» boba─ que termine por «refundar» el país (los primeros pasos se están dando al penetrar progresivamente los sectores militares, policiales y de inteligencia).

Durante la segunda vuelta electoral en 2021, Pedro Castillo no solo buscó marcar aparente distancia del venezolano Nicolás Maduro y del boliviano Evo Morales con simples pronunciamientos cosméticos, también instaló una aparente línea divisoria con su directo auspiciador Vladimir Cerrón. Un falso «distanciamiento» y de conveniencia electoralista.

Estos gestos fueron movimientos obvios, que se esperaban venir, previsibles, ya que estas conexiones de Castillo ponían en riesgo sus cálculos de «moderación centrista» como con candidez o complicidad algunos sectores lograron arroparlo.

Castillo y sus asociados internos y externos sabían que sus lazos abiertos —gestados durante años de coincidencias ideopolíticas— eran contraproducentes en esos momentos para captar el voto de los electores indecisos.

En mayo del año pasado también anotábamos en este espacio («La falsa ‘pelea’ entre Castillo y Cerrón». 9/5/2021. Expreso) que el lector no debía tener ninguna duda de que de llegar al sillón presidencial se reagruparían, se cimentarían aún más.

Y ocurrió. Los peruanos fueron premiados por el nuevo régimen de Castillo con un gabinete prosenderista y «cerronista», luego de ver a Evo Morales celebrando en plena capital y a todo lujo la llegada del «desvinculado» profesor al palacio gubernamental. Maduro y Diosdado desde Caracas, también celebraron (hoy, transcurridos diez meses de desgobierno, Perú ha restablecido relaciones con la narcotiranía que controla Venezuela).

Lo cierto es que en la coyuntura ni Castillo se ha desconectado de la extrema izquierda transnacional liderada por el castrochavismo, ni tampoco de las fuerzas prosenderistas infiltradas en diversas instancias estatales (como las politizadas prefecturas y subprefecturas).

A estas estratagemas se ha sumado otro montado escenario: la «separación», la «bronca» entre Cerrón y el congresista Guillermo Bermejo (ver: «Otra falsa ‘pelea’ entre Cerrón y Bermejo». 25/4/2022. Expreso), otra jugada gobiernista dirigida a confundir a las reales oposiciones políticas y ciudadanas presentándose ya no como un bloque cohesionado sino uno con debilitantes «fisuras» y de una aparente «precariedad política» (una víctima de los «golpistas»). Mientras esto, continúan manteniéndose a flote, penetrando instituciones y concentrando poder.

Llama la atención que no pocos en el periodismo prolibertades en el país, estén haciendo eco de estas evidentes jugadas políticas.

Hay que repetirlo: las izquierdas extremas ─incluyendo a senderistas y emerretistas reciclados─ han logrado llegar al Gobierno; ahora les urge supervivir y consolidar el poder real.

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