«Si alguien me exigiera ir a votar, evidentemente no sería por Keiko», declaraba el periodista César Hildebrandt a un medio probolivariano durante la hipertensa segunda vuelta electoral en Perú (29/5/2021. TeleSUR).

Su postura, pese a que decía apoyar el «voto en blanco», beneficiaba indirectamente a Castillo que aparecía holgadamente primero en las encuestas por sobre su rival de Fuerza Popular a la que veía como un «mal» de mucha mayor dimensión.

Como otros generadores de opinión pública, Hildebrandt fue así gravitante en instalar en parte del electorado la subestimación de las serias amenazas provenientes de la ultraizquierda. El «Castillo deslindará de Cerrón», fue el eslogan de la ingenuidad —o la complicidad voluntaria— que complementó esos esfuerzos. Hoy se ven los resultados.

No pocos advertían pues que Sendero Luminoso (vía el MOVADEF) y otros extremismos expectantes se empoderarían al tener a sus conectados, nada más y nada menos, que en el centro de decisiones presidencial. Una situación que, como anotábamos en este espacio («Premier prosenderista tendrá acceso a información sensible de seguridad nacional». 31/7/2021. Expreso) iría tensando el sistema político e incluso poniendo en grave riesgo la seguridad interna.

Poco más de tres meses después («Movadef en palacio». 3/9/2021. Hildebrandt en sus trece), el reconocido periodista advierte —y teme no sin razón por ello— lo que ya antes era peligrosamente evidente.

«Pero no nos engañemos. El señor presidente está rodeado notoriamente de un grupo de maestros que militan en el FENATE, el seudónimo del CONARE (…) Lo que no estoy insinuando sino afirmando es que el MOVADEF (el apéndice político senderista) está en palacio de gobierno. Así de sencillo y grave», apuntaba.

No obstante ello, Hildebrandt señala la perniciosidad de Iber Maraví, pero continúa haciendo malabares para minimizar la complicidad del premier que se dice «intentó» sacar al «abimaelita» ministro de Trabajo. Objetivo que habría sido «frustrado» por Castillo.

Como puede verse, las subestimaciones desde ciertas corrientes periodísticas continúan tratando de posicionar la ilusión de «pugnas internas» al interior del régimen; cuando en realidad sus actores son parte de un mismo proyecto extremista político e ideológico con el neosenderismo en un rol nuclear (el emerretismo reciclado y el «relegado» antaurismo juegan como elementos conexos).

A lo anterior se suma, en el frente externo, un factor clave del actual proceso: que el proyecto de poder de «Perú Libre» incluyendo a Castillo, estaría conectado con la red de amenazas montado por la extrema izquierda continental.

Curiosamente quienes también lo desestimaron —como Hildebrandt— dicen nada o muy poco sobre este espinoso asunto.

El Perú es pues un campo más de ajedrez dentro del juego de tableros múltiples que el chavismo castrista latinoamericano armó por años con efectividad.

Incluso ciertos sectores otrora abiertamente antifujimoristas (como los Vargas Llosa) llegaron a advertir, para sorpresa de tirios y troyanos, este riesgo de alta gama y de alcance transnacional. La dupla Cerrón-Castillo se podría convertir en un poder irreversible al ser parte de un proyecto político transnacional y coordinado; en contraste al keikismo cuyo desenvolvimiento es acotado, circunscrito a nuestras fronteras.

De una u otra forma este factor hizo que considerables trincheras del antifujimorismo profesional se reconciliaran (la foto de Álvaro Vargas Llosa con Keiko Fujimori es contundente al respecto) con sus enemigos naranjas y midieran el real alcance de peligrosidad política en «Perú Libre». Una peligrosidad que hoy la atenta opinión pública va reconociendo con creciente preocupación.

Las insistencias «argumentativas» de que la izquierda extremista de instintos totalitarios y violentos significa un «riesgo menor» seguirá provocando incesantes debates. Tendrán ocupados a muchos peruanos y analistas de la política, sin duda. Pero será el contexto de tener a los antiguos agresores senderistas con acceso al palacio presidencial lo que determinará los hechos por venir.

En ese sentido: ¿la ciudadanía tolerará, además de los graves problemas sanitarios y económicos vigentes, los atrevimientos que insultan la memoria de los miles de asesinados (civiles y de las fuerzas de seguridad) por el terrorismo comunista («la secta marxista y maoísta más salvaje de Sudamérica», como también los llama Hildebrandt)?

Por todo lo visto hasta el momento (es posible que haya mucho más oculto, que no se sabe aún con relación a dineros oscuros de origen narcoterrorista) se está entrando ya a un sistema de tensiones de alta presión que, de continuar imparable, podría reacomodar bruscamente la situación de poder politico nacional.