Habiéndose conmemorando el día de la Juventud, es necesario reflexionar sobre la situación de nuestros jóvenes, con énfasis en estas difíciles circunstancias en las que nos encontramos por el Covid 19, pues casi 350 mil dejaran de estudiar en universidades, 250 mil en institutos tecnológicos y 1 de cada 4 jóvenes perdió su empleo.

Siempre escuchamos que los jóvenes son agentes indispensables del cambio y que tienen un papel importante en la construcción de una sociedad justa, pero sin herramientas, sin políticas públicas que coadyuven a su desarrollo, sin educación o con una ineficaz que no busque potenciar sus capacidades ni habilidades, sin apoyo regional y local, sin puestos de trabajo y sumado la pandemia, no podemos reprocharlos por no interesarse en los procesos políticos, sociales ni económicos, pues solo buscan subsistir y apoyar a sus familias.

Si bien es cierto el Estado viene trabajando con el programa Voluntarios para el Bicentenario, Jóvenes Productivos, el SENAJU, entre otros, estos son percibidos como insuficientes, debido a una mala identificación de los jóvenes vulnerables o una incorrecta difusión, reflejándose en el incremento del desempleo juvenil, la deserción estudiantil, el embarazo precoz, la drogadicción, la desigualdad y la delincuencia, que coadyuvan a la generación NINIS (Ni trabajan Ni estudian), siendo más de 2 millones de jóvenes que lo conforman.

En este triste panorama, son las mujeres las que tiene un mayor impacto en esta generación, pues son el 57.6%, no solo viéndose afectadas por el tema económico sino por la violencia, debido al incremento de violaciones sexuales, de agresión física y psicológica, entre otros, que las sucumben en el silencio, a interiorizar erradamente que no pueden superarse, acrecentándose esta precariedad en que son madres jóvenes, es por ello que se requiere de intervención estatal de manera urgente.

Son la educación y el trabajo los principales mecanismos de inclusión de nuestros jóvenes a la sociedad, por eso es importante que se tenga definida una política de Estado para proteger este capital humano, enfrentar la deserción escolar por falta de recursos y reinsertar a los ninis en el mercado laboral con programas de capacitación tanto en formación académica como técnica.

Con esfuerzo muchos jóvenes han venido demostrando que el COVID 19 no ha destruido sus sueños, se han agrupado para apoyarse y las mujeres se dan sororidad en redes sociales. Prestarles atención e invertir en su desarrollo integral es un deber ético y un paso estratégico para lograr la sociedad desarrollada que soñamos y necesitamos. Salgamos del silencio, involucrémonos.