La «centrista» Keiko

Fuerza Popular vía Keiko Fujimori y sus asesores políticos van marcando la cancha del juego político y electoral que anticipan enfrentar a corto o mediano plazo. Su sorpresiva postura a favor de un «adelanto de elecciones» generales inmediatas (2023) parece ser el móvil que les da la chance de reacomodar su posición dentro del tradicional espectro político y ante la opinión pública.

Al no ser una organización política menor su proceder impacta de una u otra manera en la dinámica de competencia y en la escala de tensiones actuales. No está demás recordar que es elemental ver al conflicto como una movilización de fuerzas opuestas. Y cada cambio en las líneas divisorias implica no solo una reorganización total de acuerdos o alianzas políticas —formales o informales—, sino que afecta la naturaleza misma del conflicto produciendo un nuevo grupo de perdedores y otro de vencedores.

En ese sentido, el fujimorismo ejecuta sus primeros movimientos este 2023 y se desmarca de sus otros pares acuerdistas (que se opusieron desde el 28 de julio de 2021 en el terreno parlamentario a Castillo-Cerrón y sus funcionales) acusando que hay una «extrema derecha y una extrema izquierda» quienes coinciden en bloquear un adelanto «urgente» de elecciones este año. Con este desmarque parecen querer ser percibidos o ubicarse en el centro —y hacia la izquierda— del espectro político.

Este afán no es nuevo. En 2014 Keiko lo dijo: «El fujimorismo es de centro izquierda». También le haría eco dos años después una antigua dirigente naranja, Luz Salgado: «Fuerza Popular es un partido de centro izquierda» (2016).

Y es que el fujimorismo primigenio, el del tractor de Alberto de 1990 era el de una suerte de izquierdismo socialdemócrata. Por ello, tanto el aprismo como otros sectores socialistas y hasta comunistas del momento no tuvieron freno en apoyarlo contra el planteamiento «neoliberal» de Mario Vargas Llosa. Por supuesto, al ganar, Fujimori aplicaría —en materia económica— la denostada receta del contrincante perdedor; pero esa es ya otra historia.

No debe sorprender entonces lo que quizá hoy es un intento de volver a la raíz fujimorista de «centro izquierda», quizá cautelosos por la expectante aparición del APRA en ese sector (curiosamente lidiarán también con el «caviarismo centrista» en ese espacio). Así, Fuerza Popular de Keiko se «despercude» intentando dejar la etiqueta de «ultraderechistas» a Renovación Popular de López Aliaga y a Avanza País (estos en realidad de centro derecha).

A la sazón se ha dicho que los naranjas apoyan las caprichosas elecciones adelantadas «urgentes» por puro y crudo cálculo electoralista disfrazado de «madurez» o «realismo político» (relajando así imprudentemente la cautela de toda democracia advertida de no ceder ante la violencia organizada antisistémica y hasta de contornos terroristas en algunos frentes). Achican así a su favor la oferta de competidores. Esto al margen de que sea Keiko u otro el candidato que postule por Fuerza Popular (ver: «Adelanto de elecciones repetiría tóxica competencia antifujimorismo-fujimorismo». 27/1/2023. M. Lagos. Expreso)

Otro es que temen un desplazamiento del protagonismo que puede venir de los celestes de Renovación Popular (quienes han respondido declarándose como socialcristianos centristas «tirando para la izquierda») con un Rafael López Aliaga accionando entre los amplios sectores populares capitalinos. Y, de otro lado, por el recelo de un Avanza País que puede adentrarse en los sectores juveniles también populares y medios que ven con buenos ojos el surgimiento de una centro derecha operante y sin complejos. Ambos grupos han rechazado la etiqueta de «extremistas de derecha» que el fujimorismo quiere engraparles.

Al parecer se repetirá otra vez (ver a propósito: «2021: ¿La confrontación de las izquierdas?». 27/8/218. M. Lagos. Expreso) la pugna entre casi todos los contendientes por instalarse en el centro y hacia la izquierda (incluyendo a la conservadora) del espectro político. Mientras «la derecha» explícita va increíblemente despoblándose. Una confrontación de «centrismos» que de fondo son tributarios de las ideas izquierdistas, pese a los desastres producidos por esta tendencia (ahí está el desgobierno de Castillo-Cerrón como muestra reciente).

El fujimorismo no la tendrá fácil por cierto. Competirá con porkystas, apristas, acuñistas (Cesar Acuña dijo también en 2015 ser de centro izquierda), acciopopulistas… con los podemitas de Luna Gálvez, etc… todos autoetiquetados como «centristas».

Curiosamente también lo harán contra los caviares morados «de centro» socialdemócrata y socialistoide, sus eternos antagonistas que no se han cansado (hasta junto al prosenderismo de «Perú Libre») de criticar con mala leche y vilipendiar el ideario liberal en materia económica y política, mientras callaban sobre las reales causas del subdesarrollo nacional: las intocadas fallas del Estado.

En resumen de fondo: es obvio pues que los cálculos políticos en torno a estos entreveros llevará a un reajuste de relaciones constantes que impacta enevitablemente en la pauta de poder y en el juego político por venir (ambientado por la violencia incitada de la extrema izquierda). ¿Quién terminará ganando?

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