Durante estos más de 300 días de pandemia, muchos proyectos personales, corporativos y gubernamentales han quedado en el olvido, o por lo menos en una pausa. Y es que claro, resulta muy difícil para los ciudadanos sacar ánimos donde el panorama es aún incierto en su desarrollo. Pero todo ello depende de nosotros mismos y de las ganas que se tengan para darle la vuelta a esta página, o al menos doblarla por la mitad.

No podemos dejar que la pandemia afecte nuestras metas y frene proyectos que ya habíamos iniciado. Allí está el gran desafío: ir contra la corriente y superar al enemigo.

Tenemos algunos ejemplos de casos de emprendimientos verdaderamente admirables, programas y cursos que tuvieron que adaptarse a la tecnología en tiempo récord, mesa de partes de instituciones que se volvieron digitales en un dos por tres. Hemos visto grandes cambios en sistemas y formas de vida arraigados con el tiempo, y ¿por qué creen que nosotros no podremos?

Frente a la adversidad, siempre la actitud será la pauta que cambie el escenario de pesimismo puro a la resiliencia naciente. Y sobre este punto, mucho influye la comunidad que tenemos alrededor, por ello es necesario alejarnos de los pesimistas porque sus preocupaciones están fuera de nuestro control.

El gran riesgo siempre será perder el ánimo porque justamente eso es aquello que saca lo mejor de nosotros, señala el conferencista internacional Victor Kuppers… y ¡cuánta razón que tiene!

Juntemos nuestras fortalezas, consolidemos habilidades y cerremos las ventanas para los negativos; solo así podríamos encontrar un equilibrio para una mayor gestión de nuestros proyectos de vida. Recuerden que Napoleón, Da Vinci, Mozart siempre han sido seres que se gestionaron a sí mismos. ¿Qué nos dista de ellos? Solo años

Podemos guiarnos del maestro Peter Drucker que manda en primer lugar, concentrarnos en nuestras fortalezas; segundo, trabajar en la mejora de las mismas; y tercero, veamos en qué punto estamos cayendo en ignorancia paralizante y superémosla.

Tomen sus decisiones, arriésguense, sometan, y si tienen que replantearse la cuestión, háganlo. Pero recuerden: cuando los miedos temporales pasan, las decisiones de vida quedan. ¡No hay excusa que valga porque cuando hay voluntad, todo se puede. Vamos a subirnos esa moral hasta el cielo y más allá!