La venezolanización de las «oposiciones» peruanas

Tanto Hugo Chávez como su heredero Nicolás Maduro contaron con un elemento clave que ayudó a su exitosa supervivencia en el poder durante ya 23 años: las falsas «oposiciones».

No se trataba en realidad de una sola oposición, eran y son varias oposiciones impostoras y coordinadas siguiendo el juego a las estrategias políticas de consolidación del régimen.

El chavismo —y el castrismo titiritero— han sido unos innovadores de la tiranología. Apalancaron «rivales» a la medida; unos supuestos antagonistas que acudían a cuantos artificiosos «diálogos», negociaciones y fraudulentas elecciones se lanzaban para aparentar un escenario plural, democrático y competitivo. No se puede entender hoy al consolidado chavismo sino se observa de cerca la actuación de los facilitadores de su sobrevivencia política.

Estos «oponentes» no solo cooperaron creando escenarios controlados por el régimen en momentos de alta tensión, también intervinieron en dos aspectos centrales. Primero: facilitaron el bloqueo de una verdadera opción proliberal y democrática desplazando al sector ciudadano realmente opositor (encarnado, en el caso venezolano, por el liderazgo de María Corina Machado con quien fueron profundamente desleales). Y segundo: dieron contención ideológica, socavando y desestimando cualquier crítica al móvil de fondo del desastre social, político y económico: el socialismo.

En paralelo pues, se atacó no solo a los reales contrincantes al poder político delictivo, sino que neutralizaron toda alternativa ideológica al socialismo. Los autoetiquetados «centristas» —como los que han aparecido también en Perú y otros países de la región— terminan favoreciendo la pauta de poder izquierdista, creada además sobre la base de acciones criminales e impunidades selectivas.

A estas alturas del proceso es obvio cómo los venezolanos anhelan salir del chavismo socialista pero ciertas «oposiciones» convivientes, cohabitadores con el régimen, no los dejan. Estas formas de actuar de las tiranías latinoamericanas —ahí está también la nicaragüense— son ya de manual.

Cuando las fingidas «oposiciones» se van construyendo de acuerdo a la necesidad dictatorial, y cuando los potenciales dictadores van controlando y asociándose con sectores de las fuerzas armadas y de inteligencia, el camino se torna irreversible. Así fue cómo los llamados «simuladores de oposición» ayudaron pacientemente a disfrazar de «demócratas» a los narcochavistas, a la tiranía criminalmente organizada en Venezuela.

En Perú, estos esfuerzos van ejecutándose gradualmente y con resultados en el Congreso y en ciertos medios de prensa y movimientos políticos funcionales tanto en las regiones como en la capital. Cuando el cogobierno Castillo-Cerrón avance el plan autoritario cada vez con más soporte negociado militar y policial, abundarán los falsos «contradictores» —incluso aparentando estar a favor de la vacancia constitucional pero sin mover un dedo para activarla— dando indirecto sostén al oficialismo palaciego.

Debe resaltarse: los extremistas del prosenderismo corrupto y el prochavismo en suelo peruano saben de la urgente necesidad de replicar la política contenciosa ejecutada por la izquierda continental. Así, una bolivianización inicial y luego una más controlable venezolanización de las falsas «oposiciones» peruanas va tomando forma.

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