En mayo de este año anotábamos en este espacio cómo la red de extrema izquierda continental había logrado, vía el control presidencial, remover los obstáculos que impedían montar su propia ‘política antidrogas’; y planteamos la pregunta: ¿El Perú también caería en esta dinámica con obvios objetivos económicos y políticos?

En 2008, dos años después de haber llegado al poder presidencial, el excocalero Evo Morales expulsó a la DEA (Agencia Antidrogas) estadounidense instalada en Bolivia.

La agencia norteamericana (dependiente del Departamento de Justicia) y sus acciones contra el tráfico de drogas en el extranjero le eran al parecer muy incómodas al también bolivariano Morales. Siempre amenazó con sacarlos y agarró ‘argumento’ señalando a la DEA como un ente ‘conspirador’ y de ‘espionaje’ que pretendía derrocarlo. También expulsó al embajador Philip Golberg. Estados Unidos replicó de igual forma con el embajador boliviano.

Por cierto, no han sido pocas las acusaciones e investigaciones que advirtieron por años sobre los posibles nexos del otrora cocalero Morales con el narcotrafico. Y como es sabido, además, el expresidente forma parte del círculo internacional e íntimo del castrochavismo regional que tiene bajo su sombra al ya conocido Cártel de los Soles (encabezado ahora por Nicolás Maduro según el Departamento de Justicia de los EE.UU. en 2020); la estructura cívico militar que tiene, nada más y nada menos, el control del poder político y oficial en Venezuela.

Por su parte, Hugo Chávez hizo lo mismo. Tres años antes, en 2005, dio una patada a la DEA (además de a la Policía Británica que también iba tras los pasos de los narcotraficantes en suelo venezolano).

Documentos y archivos de la agencia antinarcóticos (13/09/2019. El Mundo. España) señalan que este fue un acto premeditado, muy bien calculado para facilitar la conversión de Venezuela en una plaza clave y sin obstáculos para el tráfico de drogas internacional. Por supuesto, la narcoguerrilla de las FARC colombianas en cooperación con los chavistas se repotenciaron con estas facilidades y habrían suministrado los insumos a cambio de armas e impunidad.

Tal como craneaba el colombiano líder del Cártel de Medellín Pablo Escobar años atrás, uno de los objetivos resultantes de la narcodictadura venezolana en gestación era ‘inundar’ Norteamérica de droga y debilitar su base social e institucional. Chávez usó contra la DEA el mismo ‘argumento’ que después usaría Morales: «Estados Unidos llevaba a cabo inteligencia en Venezuela contra el gobierno».

En Perú, en medio de la candente competencia electoral, el congresista electo (8,241 votos) Guillermo Bermejo de las filas del candidato Pedro Castillo de ‘Perú Libre’, anunció la intención de echar del país a la antinarcóticos DEA si ganan la segunda vuelta presidencial del 6 de junio.

Bermejo está siendo hoy procesado judicialmente por sus conexiones con los senderistas del VRAEM (existen seis colaboradores eficaces que habrían sido miembros de la cúpula narcoterrorista que lo incriminan).

Para este operador potencialmente conectado (de acuerdo a los sistemas de inteligencia peruanos y las investigaciones policiales y fiscales) con fuerzas antisistémicas de naturaleza violenta, terrorista y delictiva, la DEA «es el principal cártel de la droga en el mundo» (19/4/2021. Canal N. Perú). Dijo además que «el diseño de la política antidrogas debería ser nacional y no bajo injerencia extranjera».

¿Lograrán los operadores del narcosenderismo —ahora con posible representación política oficial gracias a Castillo— su objetivo de ‘liberar’ al Perú de la presencia ‘imperialista estadounidense’ vía la DEA como ocurrió en las bolivarianas Venezuela y Bolivia?

*Miguel Lagos es analista político y columnista enfocado en temas de riesgo y conflictos políticos, radicalización y extremismo político violento 

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