No hay “condiciones objetivas”


El vuelco político del país es tal que quienes antes defendían al gobierno del designio de derribarlo, ahora pronostican como casandras su derrumbe inevitable.

Esta es la razón por la que algunos se asustan y renuncian o declinan la invitación a colaborar con el gobierno. Como creen que se cae, temen compartir su suerte y la posterior persecución política por una justicia desbocada. Solo que el gobierno no va a caer y llegará al 2021. Si el presidente Kuczynski tiene actos de qué responder, lo hará cuando su gobierno termine. Ni un minuto antes. Porque esto es lo que manda la ley.

No es una mala ley. Lo dispone así para proteger no al presidente, sino al Perú del eventual desplome de su gobernabilidad y el daño irreparable a su economía.

Los aciagos vaticinios de quienes advierten hoy del peligro inminente de la debilidad presidencial no están analizando las cosas con parsimonia, sino tomando por hechos lo que en el fondo son, quizás, solo sus deseos.

Algunos se sienten engañados y desean ahora que al gobierno que antes defendían de los embates de la oposición se lo lleve la corriente a las profunidades del aveno aunque el país se vaya con él. Y la oposición, en cambio, si alguna vez fantaseó con la idea de removerlo, no va a poder continuar incubando esa clase de delirios.

Lo que secretamente anhelan todavía unos y otros es que al gobierno lo saque “la calle”.

En efecto, hace ya largos años que en América latina el golpe militar tradicional –que ya no existe- fue sustituido por el golpe de Estado no tradicional.

Este tiene dos formas. La primera es el golpe parlamentario para producir la vacancia del Presidente.

Del segundo se echa mano cuando falla el golpe parlamentario. Es el golpe de la “calle” para conseguir la renuncia del Presidente.

Funcionó en Buenos Aires, en Quito dos veces, en La Paz dos veces, en Asunción. En Centroamérica varias veces. Pero hace ya más de una década del último golpe de esta especie en Sudamérica. Se debe quizás a que el golpe no tradicional de la “calle”, como decían los comunistas, requiere de “condiciones objetivas”.

Y eso es lo que no hay. La situación económica no es la mejor, pero está lejos de ser el desastre que las “condiciones objetivas” requieren para el golpe. Pan no va a faltar y circo habrá de sobra.

Excluyendo la venida del Papa, que no califica como espectáculo, los peruanos veremos luego una cumbre presidencial (acaso con presencia del Donald en persona), un Mundial de fútbol al que no hemos vuelto en 40 años, unas fiestas patrias luego y finalmente unas elecciones regionales en octubre.

Al presidente lo protege la ley hasta el ultimo día de su gobierno. La apuesta parlamentaria por la vacancia fracasó estrepitosamente, la oposición no va a poder intentarla otra vez. Por último, las “condiciones objetivas” del golpe de “masas” están clamorosamente ausentes.

Piense, si quiere, que al gobierno le sonríe la fortuna. Da lo mismo. El hecho es que los peruanos estamos ocupados y no tenemos tiempo para golpes no tradicionales. Falló el de los políticos. Tendrán que resignarse.