Otra falsa «pelea» entre Cerrón y Bermejo

Así como se vendió al electorado o a la opinión pública en 2021 el «deslinde» político de Castillo con Cerrón (como la del «distanciamiento» con la Venezuela de Maduro con quien Perú —calladito nomás— ya restableció relaciones diplomáticas), otra artimaña comienza a agarrar forma: la armada «pelea» entre Bermejo y Cerrón.

Ya en octubre del año pasado Bermejo había hecho el amague de «dejar» al exgobernador de Junín llegando a integrar otra bancada parlamentaria. Hoy se dice que podría formar una «megabancada» para «liberar a Castillo de Cerrón» como si el aparente rompimiento congresal de Perú Libre significase un verdadero cambio de fondo en las posturas ideológicas y autoritarias que sin duda seguirán impulsando (incluyendo la cantaleta constituyente).

El táctico, el engañoso distanciamiento entre el congresista (por Lima con 8 241 votos) y el dueño de Perú Libre que se estaría armando desde el gobiernismo y sus controladores externos, puede servir entre otros estimados para que el régimen coloque los huevos de la gallina en distintas canastas y enfrentar posibles escenarios a corto o mediano plazo. Por ejemplo: a Cerrón como un eventual «opositor» que recalienta los conflictos sociales y a un «consensual» Bermejo de soporte de un «nuevo Castillo» y un cosmético «nuevo Gabinete moderado».

Es curioso cómo al bolivariano Bermejo, un enfebrecido acusador del sistema por sus «pelotudeces democráticas», hoy parece ser presentado por ciertos medios como un potencial proponente del consenso democrático. «Nosotros somos socialistas y nuestro camino a una nueva Constitución es un primer paso, y, si tomamos el poder, no lo vamos a dejar. Con todo el respeto que se merecen ustedes y sus pelotudeces democráticas, preferimos quedarnos para establecer un proceso revolucionario en el Perú”, se le escuchó decir a Guillermo Bermejo en un audio difundido en mayo de 2021 (Willax).

Hace unos días posaba en Palacio de Gobierno con el cardenal Pedro Barreto en otro intento de oxigenar la supervivencia del régimen como ocurre cada vez que está en aprietos.

Bermejo no es un demócrata. Sus serios y documentados antecedentes y relaciones con sectores extremistas y proviolentos de la izquierda nacional y continental precede su reputación. No obstante hoy se ubica en óptima posición de escudero gracias a que fue absuelto del delito de afiliación a organización terrorista (una sentencia que no pocos ven como un efecto del politizado y manipulable sistema judicial desde el poder político).

El actual parlamentario se percibe así el único operador duro (por sobre Bellido y Cerrón, en mayores complicaciones judiciales por terrorismo y vínculos con los remanentes senderistas del VRAEM) con aptitudes de apuntalar la defensa oficialista y la pugna por el «momento constituyente» en los medios… en plazas, valles, selvas y punas.

Bermejo es, por cierto, el principal abanderado en el Congreso de la famosa ley de la coca; un esquema de operatividad en este terreno que busca imitar la que el castrochavista Evo Morales (acusado como una pieza del engranaje del narcotráfico latinoamericano) montó en Bolivia.

Mientras las estratagemas se despliegan, mientras el contexto de sobrevivencia gobiernista se vuelve a montar, los «sistemas de inteligencia ya fueron infiltrados» (24/4/2021. Expreso), «el Gobierno desactiva 40 bases contrasubversivas en el VRAEM» (24/4/2021. Perú21) y «Perú Libre toma el control de la Empresa Nacional de la Coca» (24/4/2021. Perú21). Evo debe estar salivando desde suelo boliviano.

Que los estrategas políticos —internos y externos— del régimen ubiquen, infiltren con éxito a un agente extremizador como Bermejo en calculados espacios de aparente «consenso democrático», no solo va demostrando su efectividad, sino cómo las reales oposiciones políticas, intelectuales, empresariales y ciudadanas prodemocráticas y liberales en el país, carecen de al menos una coordinada estrategia básica de respuesta política operante.

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