Poniendo los huevos en distintas canastas

«Waldemar Cerrón y Guido Bellido sindicados por el Ministerio Público como cabecillas de presunta red criminal por lavado de activos. Los congresistas forman parte del caso en el que se solicitó prisión preventiva por 36 meses contra Vladimir Cerrón, secretario general del partido y sentenciado por corrupción», informaron diversos medios en Perú.

A casi año y medio de desgobierno los principales dirigentes de la confluencia extremista de izquierda que llegó al Ejecutivo y al Legislativo en 2021 están inmersos en serias acusaciones y procesos legales. Esta condición sin embargo no les impide ir tras sus fines políticos; es un factor imperativo para hacer de una u otra forma control de daños —actuales y futuros— si es que alcanzan sobrevivir impunemente.

Las «peleas» en las filas oficialistas han surgido. ¿Son verdaderas o cosméticas estas divisiones? Aquí hemos señalado repetidamente que (reconociendo las fricciones que ocurren normalmente en toda organización) se trataría de artimañas que aparentan precariedades políticas inexistentes.

El gobiernismo se «fractura» políticamente por táctica en realidadLos objetivos de fondo y el afán conjunto de sobrevivencia e impunidad se mantienen intactos. Saben que los huevos deben ponerse en diversas canastas a repartir ya que la competencia continúa (más allá de la conveniencia de aparecer separados para lidiar con fiscales y jueces).

Castillo, Cerrón, Bermejo y ahora Bellido parecen reorganizarse no solo para enfrentar las instancias fiscales y judiciales, sino según los sectores electorales y clientelares que buscan fidelizar en el plano político y social. Es clave salvar espacios para seguir bregando hoy y después, si son finalmente desflemados de la cuota de poder que llegaron a alcanzar el año pasado contra todo pronóstico.

Estas «fracturas» serían una alentadora noticia si fueran producto del arte político opositor que va rompiendo las líneas oficialistas, pero no. Estos supuestos distanciados seguirán siendo soporte propalaciego conteniendo la vacancia a toda costa. Pero sobre todo, continuarán manteniendo el mismo lenguaje político unificador: la terquedad por instalar entre la cansada población —¿terminará cediendo?— la idea de la asamblea constituyente, de la «nueva» carta política refundacional.

En ese sentido, Castillo parece centrarse en lo magisterial con el senderismo reciclado como punta de lanza y en proceso de infiltración. Cruza además temerariamente hacia el ámbito ronderil como fuerza de choque mientras toma prestado de las canteras etnocaceristas del negado asociado Antauro Humala. A la par, Cerrón apalanca la «pureza» ideológica marxista y leninista con la cual quemar la Constitución vigente. Bellido, va a vincularse con lo «cultural» en las regiones sureñas con el impulso de todo lo que suene a plurinacionalidad (como el que dominó la lucha política en Bolivia y ha ido asomando violentamente en Chile y en Ecuador). Mientras Bermejo se mueve en el VRAEM y en el tema de la coca en réplica al modelo de Evo Morales y en conexión a toda la red de amenazas del izquierdismo regional.

Así —entre otros objetivos conexos— van puliendo la diversificación de su oferta política e ideológica. Los huevos en diversas canastas, la especialización para capturar —gracias a los incontrolados recursos públicos que reparten como naipes— de manera populista a potenciales clientelas políticas y bolsones electorales proautoritarios. ¿Cómo responderán a este proceder las oposiciones ciudadanas y los partidos activos o en gestación?

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