Con vuelo de recuerdo actualizado llegan los retratos para hacer crónica con ese estar caminando en temporada. El uso del recurso sin curso nos ayuda para darles el Granulado leve digitalizado para que con la primera luna llena del Año del Toro sean memoria parecida a la luz temprana de la neblina en mañana de verano. Entre que la ves y que se te escapa.

El título de la crónica viene por el escenario y la coronación de Milagros Mujica, 1961, y Mono Vegas, 1962, como reinas del Luau del Waikiki, seña de verano en la mejor agenda de una buena tajada de Lima y mandarina. Hace eco a una estupenda foto, de buen fotógrafo, blanco y negro, recién publicada. Milagros con todos los suches de Lima, recibida en el Club por Carlos Dogny y Pitty Block para coronarla Reina de la fiesta.

De mis permanentes arrepentimientos, este tiene favoritismo. No haberle recibido a Milagrosa Milagros mi retrato con la casaca roja de STP que regalaba mi mamá Chabela en el lubri centro de Higuereta. Lo pintó en cuatro, ¿o cinco?, sesiones, con buena conversa y música en el taller de su maestro, el maestro Paco Abril de Vivero. Era bueno ese retrato, pudiera haberlo incluído en su exposición en la Galería Municipal de San Isidro.

Tenemos foto con Eliana Tabja en la inauguración. Con Moño en un té de cumpleaños de Evelyn Garrigue. Muchos años antes en una fiesta de Ana von May, le decía Miss June, hice una de estructura similar.

La otra corona. Mono, que es Alicia y buena conversadora es repetible compañera de viaje. Camina. Pregunta. Ve y opina. Come y ríe. Tiene ojo fino para comprar. En Ayacucho, con Racso la vimos en el mercado escoger la pollera gris aceituna. En La Habana escogió collar de coral negro. Fuimos con Queca Bergna al Festival Internacional de Cine. Enturmamos con Santiago Maguill, protagonista de No sé lo digas a nadie. Película de Francisco Lombardi, en certamen. Fue el actor del público que aplaudió a Costa Gavras, los Coen, Schnabel, Terry Gilliam.

Estoy tecleando, pienso, Mono atraca si hay para embarcarse en otra hechura como el Macbeth que montamos en el teatro del Peruano Británico, de Miraflores. Con la dirección de Rocco Petruzzi se convocó un gran elenco que abría Haydeé Cáceres. Diseñé el vestuario que realizó Marita Tapia. Trabajado en algodón peruano, con tintes y tierras, café, té, beterraga teñí pieza por pieza. Roberto Miró Quesada lo halagó con su crítica en La República. Fuimos de gira al Teatro Municipal de Trujillo.