El país está siendo astutamente colocado entre las quijadas de una tenaza controlada por el extremismo izquierdista: la de Sendero Luminoso con un pie en la presidencia y otro en la manipulada «conflictividad social».

Con esta herramienta fácilmente —vía presiones calculadas— pueden prescindir hasta de un proceso constituyente para alcanzar los «cambios profundos» ideológicos y estatistas que propugnan. La violencia interna, ahí donde requiere dosificación, se convierte en el centro de fuerza que va transformando el sistema político, económico y social. Mientras, hacia el exterior, los «avances» hacia el reacomodo del país en la órbita dirigida desde La Habana y Caracas van edulcorándose gracias a una «diplomacia progresista» y funcional.

¿Puede el gobiernismo prosperar con el conflicto? Inicialmente pareció darle rédito. Hoy derrapa ante sus excesos y por otros factores; pero sobre todo, porque lleva el germen de su propia destrucción. ¿Cuál? El forzado plan de querer legitimar al senderismo y al emerretismo hoy casi convertidos, por ciertos relatos interesados, en «víctimas» y «luchadores sociales». En realidad aquellos salvajes y antiguos agresores que no pocos peruanos se resisten a asimilar.

El senderismo primigenio se ha reciclado (incluye a su remanente facción narcoterrorista del VRAEM). Esto es obvio. Como ya es harto conocido, el mismo Castillo proviene de una de sus trincheras: el Conare-Movadef. Un ente generado por Sendero Luminoso, tal como las investigaciones fiscales, policiales y periodísticas más serias han señalado.

Los que ayudaron al influjo de poder que ha alcanzado este extremismo izquierdista y proautoritario no son pocos. Los falsos «centrismos» caviares políticos, oenegeros y mediáticos y ahora el empresariado mercantilista antiliberal (como el que le dio sosten inicial a Chávez y Morales) van haciendo control de daños del accionar del neosenderismo enganchado además —esto es innegable— al tentacular y poderoso castrochavismo regional.

Cada vez más peruanos de todos los sectores en costas, sierras y selvas se preguntan, ¿hasta cuándo durará esta dinámica de socavamiento e impunidad?

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