¿Son ‘terroristas’ los criminales?

Hablar de terrorismo “urbano” —o “rural”— es solo indicar el punto geográfico donde ocurre la violencia, pero ello no define el término. El terrorismo es siempre político. Este tipo de violencia se desató por ejemplo (con los incendios como protagonistas) luego del autogolpe del prosenderista Castillo el 7/D en varias ciudades donde terroristas (y delincuentes oportunistas o coordinados) descarrilaron las protestas pacíficas válidas en democracia.

¿Puede caracterizarse como “terrorismo” a la violencia criminal ejecutada por organizaciones tipo el Tren de Aragua y sus facciones en suelo peruano? Estos grupos están motivados económicamente y no persiguen objetivos de poder. No son terroristas entonces; pero sí pueden, y aquí el detalle central, recurrir a tácticas terroristas en su accionar. Una de esas tácticas son las detonaciones (granadas, anfo, etc…) usadas contra emprendedores peruanos para el cobro de cupos. Otra es la comunicación violenta. En México el narcotráfico cuelga o decapita a sus víctimas con mensajes expandiendo el terror criminal entre la población. Aun así sus intenciones de fondo no son políticas, es el lucro. Claro que los violentos criminales pueden montar relaciones de cooperación —multiniveles— con extremistas políticos como los terroristas (o hasta con partidos legales, ¿caso Ecuador?), pero ello no los equipara.

El terrorismo siempre se trata de poder. Eso lo separa del simple “terror” emocional. Esa sensación de ser “aterrorizados” puede, por supuesto, aprovecharse políticamente, por lo que se pone el “ismo” al final. Ese “ismo” es muy importante porque dota al terrorismo de su dimensión política esencial vía el uso o la amenaza de violencia en pro del “cambio político” (B. Hoffman. 1998).

Cierto es que hoy no existe un acuerdo universal sobre el significado del terrorismo. Hace años estudiosos serios del fenómeno acopiaron más de 100 definiciones diversas (lo que hace imposible que tengamos “expertos” en la materia). Pero sí hallaron un mayoritario consenso: el terrorismo es político en sus fines. Esto fue recogido por muchas de las legislaciones antiterrorista mundiales. Es pertinente que en Perú también se consigne a los objetivos políticos como marco de este delito. Esto reduciría errores estratégicos en las políticas de seguridad al no diferenciar entre grupos criminales y grupos terroristas en estricto (¿es prudente por ejemplo instalarlos juntos en las cárceles?). El terror criminal entonces difiere del terrorismo político; aunque, como se ha dicho, pueden interactuar según el escenario (ésta es ya otra discusión).

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