A fuerza de esperanza y desesperación miles de cubanos han salido a las calles este 11 de julio en varias ciudades reclamando la salida del régimen castrista del poder representado por Miguel Díaz-Canel.

En La Habana, Guantánamo, Camagüey, Cienfuegos, Villa Clara y otras ciudades, las movilizaciones pacíficas y espontáneas van removiendo los cimientos de una de las dictaduras más longevas e impunes de la historia política del continente.

Si bien los irreversibles estragos provocados por la pandemia —y la desastrosa gestión estatal— han colmado el vaso de la indignación ciudadana, son las proclamas de «¡Abajo el comunismo!» y «¡Queremos libertad!», las que dominan el contexto de fondo.

Y es que los cubanos y el mundo libre continúan ante un proyecto totalitario e ideológico de más de sesenta años de dominio y opresión comunista. Una estructura de poder que jamás revocó los objetivos ideopolíticos y que lo centralizó todo en su afán de imponer un insano colectivismo «igualador»; aquél que buscaba finalmente convertir al «hombre en masa» anulando todo tipo de individualidad liberal. Un actuar verdaderamente brutal.

En ese andar el Leviatán estatal (al más puro estilo fascista del «todo dentro del Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado») se convirtió en el supremo protagonista de los «avances» que finalmente enmarrocó todas las libertades y los derechos humanos.

Como ha anotado bien la chilena Francisca Calderón, «en un país donde no existe libertad política ni libertad económica ni libertad individual, significa que todo está en manos del poder político… los ciudadanos no tienen poder ni decisión alguna». Eso es Cuba hoy. Lamentablemente.

Sin piedad pues el régimen vertical administró el sistema de tensiones a su gusto y bajo una aparente «nueva democracia»; y hasta auspició la violencia política vía grupos irregulares, terroristas y delictivos más allá de sus fronteras.

No es el espacio necesario, pero hay infinidad de registros y evidencias de décadas demostrando el influjo tóxico que desde Cuba se exportó por toda Latinoamérica.

Hoy mismo, aliado al chavismo, constituye un epicentro, un factor de desestabilización sistémica e infiltración de los conflictos políticos en las democracias de la región.

Ante lo que hoy ocurre en suelo cubano, el régimen reacciona preparándose para reprimir con furia los anhelos ciudadanos.

Con evidente preocupación Miguel Díaz-Canel, el jefe coyuntural castrista, ha llamado a los «revolucionarios comunistas» a combatir a los cubanos que protestan. «Habrá una respuesta revolucionaria. Por eso convocamos a todos los revolucionarios comunistas a que salgan a la calle donde se vayan a producir estas provocaciones y enfrentarlas con decisión. La orden de combate está dada, a la calle los revolucionarios», advirtió Diaz-Canel quien asumió el poder desde octubre de 2019 luego del retiro por edad de Raúl Castro.

Por supuesto, no faltarán quienes saldrán a amortiguar los reclamos prodemocráticos y prolibertad de la población contra la tiranía. No sorprende. Desde hace muchos años tanto Fidel Castro como sus herederos tuvieron y tienen una prensa internacional bastante activa y funcional. Podrá confirmarlo el lector en estos días. Han sido (como mucho de los análisis políticos y la politología aparentemente «centrista») por años sus más tenaces cómplices invisibilizando y desestimando la represión y el control político y económico antiliberal interno.

«¿En qué momento llegó nuestra región a naturalizar una dictadura como la cubana? En Cuba NO hay libertad. Los cubanos no eligen gobernante desde hace más de 60 años. 60, ¿se entiende? 60. Más de medio siglo sin libertad, sin elecciones, sin medicinas, sin comida y olvidados», anotaba con mucha razón la joven liberal y analista política argentina Antonella Marty en marzo del 2019.

Mientras hoy, desde el mismo Cuba, la joven periodista Yoani Sánchez resumía las circunstancias con estas precisas palabras: «Siete letras que concentran el grito desesperado de una nación: #SOSCuba».

Esperemos que el mundo libre esta vez no deje solo a los cubanos.

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