La relación de la cúpula gubernamental encabezada por el binomio Cerrón-Castillo con la prensa independiente del poder en Perú, parece querer adoptar similar sintonía como la que el oxímoron político, el dictador ‘democrático’ Evo Morales, impuso en Bolivia (quien además controlaba casi todas las instituciones estatales hasta el 2019 cuando fue expectorado y hoy empieza a recuperarlos otra vez por medio de un muppet presidencial).

De hecho esta relación se va graduando, ajustando vía aquel enorme dispositivo ecualizador de varios botones que supone el proyecto general de infiltración y control político de la red de extrema izquierda continental. Lo que los castrochavistas llaman ‘la patria grande’.

Así, si en Bolivia se ajustó una particular frecuencia intimidante contra la prensa libre, en Venezuela esa frecuencia ecualizada mayor se graduó —por más de veinte años— alcanzando casi su completa liquidación (en suelo llanero hasta se quitó el papel donde imprimir a los diarios disidentes).

En la Cuba comunista, qué duda cabe a estas alturas, el ‘volumen’ de control desde el poder político estatal —de más de sesenta años— sobre la libertad de expresión en todas sus formas es mucho mayor, ensordecedor.

En ese sentido, lo que se está desenvolviendo en Perú es una suerte de bolivianización inicial en este terreno mediático (como decimos: aquel donde el ecualizador ajusta ‘frecuencias’ específicas según el contexto y la oportunidad). Una bolivianización en la que los medios independientes se intentarán ir neutralizando solo vía amenazas sin llegar, aún, a las agresiones físicas o materiales. (Un caso donde sí se ha pasado de amenazas a acciones ejecutadas contra la prensa fue la que sufrió en plena campaña de segunda vuelta una radio en Tarma por parte del narcosenderismo desde el VRAEM. Ver: «Sendero Luminoso ataca a una radio opositora a Cerrón en Tarma». 2/6/2021. Perú 21).

Los crecientes amedrentamientos u hostigamientos contra el periodismo (como los que ha obligado, para salvar su seguridad, la partida del periodista Beto Ortiz a México) se van lanzando para lograr su ‘autoliquidación’; esto en medio de una ‘democracia’ que se reacomoda sincronizadamente con los apetitos y los humores del poder político oficial.

Entre muchos otros, la manipulación en la asignación de la publicidad estatal (que se concentrará en los espacios regionales según se ha anunciado) será un factor clave del proceso selectivo e intimidatorio contra la prensa.

En Bolivia, por ejemplo, se apostó por tácticas de ‘asfixia’ económica y de ‘tritura’ pública contra el periodismo incómodo, el que no se ‘alinea’. Era parte de la guerra contramediática del MAS, el Movimiento al Socialismo del expresidente Evo Morales, que se agudizó cuando sus planes reeleccionistas tambaleaban.

La relación de dependencia, sometimiento o temor entre sectores periodísticos ‘alineados’ o socavados y el gobiernismo de Morales se apuntaló con audacia y tanteos previos.

«Hoy no hay nada que aterrorice más a muchos medios que la queja de alguna autoridad o de un oficialista por haber sido incomodado en una entrevista». «El ministerio de Comunicación define la agenda del Gobierno y gran parte de los periodistas hace suya esa agenda, ya sea por afinidad política, por orden de los dueños de medios, por disposición de sus jefes, por falta de agenda propia, por flojera, porque creen que solo los ministros y viceministros hacen noticia, por presión indirecta desde el Gobierno a través del uso arbitrario del dinero público para premiar o castigar a medios y a periodistas», afirmaban distintas voces describiendo las circunstancias que operaban en suelo boliviano.

«Una de las afirmaciones más duras (…) se refiere a que ahora hay en Bolivia ‘una sistemática política de triturar, hasta extinguir, a todo medio o periodista crítico’, a diferencia del tiempo pasado en el que lo máximo que generaba el recelo del poder era ‘intimidación’, anotaba el periodista Tuffy Are Vázquez de Infobae (ver: «La guerra de Evo Morales contra la prensa: periodistas dejan su trabajo por presiones del Gobierno». 3/5/2019. Infobae).

Como ha ocurrido pues en otros contextos latinoamericanos donde el ecualizador político izquierdista se encendió ‘regulatoriamente’ para ‘triturar’ a los periodistas críticos, no serán pocos los que claudicarán o se plegarán ante el poder político oficial en Perú.

No obstante —y para pesar de las fuerzas prodictatoriales— una estimación rápida lleva a considerar que serán muchos más los que resistirán y lucharán en pro de la república, la genuina democracia y la libertad de expresión.

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