Por Vicente Díaz

No es la primera vez que los políticos utilizan el emporio comercial de Gamarra como trampolín de sus ambiciones presidenciales. Ahora el plan estaba diseñado por un joven que saltó a la política desde el deseo y respaldo de su padre embajador.

Desde luego se aprovechó la popularidad del hijo como ex futbolista de un importante club para lanzarlo a la alcaldía de La Victoria. Pero como bien lo acaba de afirmar el burgomaestre de Lima, Jorge Muñoz, no se puede pedir el voto del ciudadano para decir “voy a ser tu alcalde por cuatro años” y después renunciar al cargo a medio camino con el objetivo de ser candidato presidencial.

Esto significa defraudar al vecino, como bien lo ha descrito Muñoz, quien ha decidido quedarse al frente de Lima para honrar su palabra de servir a la ciudad y no usarla para postular a la Casa de Pizarro.

Lo particular es que el renunciante a la alcaldía victoriana, que apenas frisa los cuarenta años y no ha tenido experiencia empresarial exitosa, no pudo solucionar los problemas de un distrito, por lo que menos va a poder solucionar los problemas del país. Ahora el problema del comercio ambulatorio se ha extendido a todo el distrito de La Victoria (Grau, Manco Cápac, García Naranjo, Unanue, Parinacochas, etc.)

Sólo se utilizó el tema de los ambulantes y comerciantes de Gamarra con el objetivo de convertirlo en una plataforma de campaña electoral. La verdad es que nunca se quiso poner orden, ni atender al migrante provinciano que encuentra en Gamarra una tabla de salvación ante la falta de empleo.

Sencillamente estamos ante otro fariseísmo político: dar la impresión de imponer disciplina y un falso orden, incluso ayudado por el gobierno del presidente Vizcarra, porque nadie puede negar que le ha dado especial apoyo al joven Forsyth, pese a que ya ha sido pesado por Dios que no lo quiere como jefe de Estado (https://www.expreso.com.pe/blog/presidente-vizcarra-se-olvido-de-dios/).

Lo veíamos ante las cámaras de televisión, como lo hizo con su matrimonio pocos días antes de las pasadas elecciones municipales, casándose con una conocida actriz, en medio del show mediático. Pero con la pandemia ha repetido el libreto, incluyendo a centenares de serenos, caballería policial y un batallón de reservistas del Ejército dizque para “reordenar” Gamarra. La verdad es que solo se estaba fabricando un perfil de candidato presidencial; no era la vocación municipal lo que lo animaba sino aparecer como una férrea autoridad contra el más débil, contra el ambulante.

En el camino se coordinaba con algún vientre de alquiler, y apareció Restauración Nacional, partido político al cual muchos ciudadanos apoyamos en sus inicios, pero en el camino se olvidó de los principios y los ideales, abandonando su misión de servicio al prójimo para convertirse en una organización que busca servirse de los candidatos presidenciales oportunistas.

Por último, ante el hecho de un joven político que pidió el voto de los gamarrinos, para ser su alcalde, y al poco tiempo lo abandona, sólo queda pedir más respeto y que no usen a Gamarra como trampolín presidencial. Gamarra es una bendición de Dios, pero no así sus administradores ediles. Esta historia tiene que cambiar.