«¿Puede un presidente cuestionado llevar a cabo una elección transparente?», preguntaba esta semana a la audiencia la expremier y exdefensora del pueblo Beatriz Merino (RPP. 12/10/2020). Su observación acompañaba una preocupación clave: que los últimos cuestionamientos y destapes vinculados al mandatario Martín Vizcarra no solo lo estarían deslegitimando a él como persona, sino a la importante institución presidencial que hasta hoy ocupa.

Las alertas que brotan no son menores. Y desde distintas esquinas políticas y sociales. Así, que el país esté ad portas de un proceso eleccionario de alcance nacional, lleva a cautela el hecho de tener a un presidente controlando aún todos los recursos, todos los resortes de Gobierno y que podría pugnar por influir o inclinar (con el apoyo de ciertos poderes mediáticos), la balanza electoral. Esto a favor de un candidato afín para asegurar así impunidades selectivas post 2021.

Para el periodista Beto Ortiz, existe ya un «favoritismo oficial por un candidato». «Cuando un presidente está en problemas, como lo está el señor Martín Vizcarra, lo más probable es que su preocupación sea no terminar preso (…). Entonces, si soy presidente y tengo en mis manos todas las atribuciones del Estado, puedo decidir darle mi apoyo de manera sutil o no tan sutil a determinado candidato. Estoy seguro que mientras hablamos en este momento se están desarrollando negociaciones para que Vizcarra pueda librarse de las investigaciones que parece que se le vienen encima», señala  Beto Ortiz (El Comercio. 15/10/2020).

En reciente entrevista a la reconocida periodista venezolana María Angélica Correa (El Tiempo. 16/10/2020. Colombia), Aldo Mariátegui comentaba que «en el Perú no existe un Estado de derecho. El sistema de justicia no sirve. Está politizado y mediatizado. Un amplio sector de la fiscalía actúa de acuerdo con pautas políticas y de búsqueda de aplauso mediático. (…) el Ministerio Público es muy cercano al gobierno y le ha hecho una campaña sin misericordia a los opositores de Vizcarra».

No obstante lo resaltado sobre la «politización de la justicia» en Perú (o de la ya famosa «judicialización de la politica»), para el nieto de José Carlos Mariátegui, «cuando Vizcarra salga del poder se va a la cárcel porque tienen un montón de juicios». Un escenario que la coalición vizcarrista gobernante querrá evitar a toda costa.

Quienes ven con atención el contexto han resaltado que una forma obvia para que alguna suerte de «impunidad presidencial» tenga éxito, es que alguno de los (supuestos y «encubiertos») candidatos prooficialistas (se señala aquí a Forsyth, Cateriano, Urresti, Guzmán, Lescano) llegue a la presidencia. Acompaña a la jugada la aparición de una tácita bancada congresal armada por diversos parlamentarios elegidos en la primera vuelta el 2021. Es decir, los huevos puestos en distintas canastas. Una fuerza clave para la contención política frente a los adversarios incómodos y en pro, no solo del vizcarrismo, sino de la coalición que le ha dado sostén, incluyendo a humalistas, nadinistas y «caviares» (sectores que han tenido cierta hegemonía en el control del aparato estatal desde el 2011 con los Heredia-Humala).

Por otro lado, una de las preguntas a resolver para los estrategas palaciegos es que si es conveniente para los potenciales «candidatos de Vizcarra» que éste continúe en la presidencia durante la campaña electoral. O si es más propicio una vacancia o una renuncia anticipada.

Las interrogantes que surgen de si el vizcarrismo «garantiza un proceso limpio», o los reclamos por una «vacancia presidencial» no solo pueden surgir de sus antagonistas como se suele creer. O de sectores ciudadanos realmente preocupados o indignados con lo que acontece. Los facilitadores pragmáticos (directos e indirectos) del vizcarrismo, bien pueden estar considerando la pertinencia de amplificar esas preguntas y esos reclamos. ¿En lo que transcurrirá de competencia política por el voto popular, conviene a la coalición progobiernista un Vizcarra en el poder o fuera de él?

Lo que sí parece seguro es que los peruanos asistirán en los próximos meses a una campaña electoral potencialmente encarnizada y atroz.